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La Ruta del Románico de Sigüenza (Guadalajara)

Cruzar la Plaza Mayor de Sigüenza, independientemente del sentido en el que se haga, hay que hacerlo siempre con la cabeza alta, degustando cada paso. Es mucho lo que hay que ver. En una dirección, el Ayuntamiento y su maravillosa galería porticada. En el otro, la Catedral. Con ser preciosa, la fachada meridional coronada elegantemente por el rosetón y la torre del Gallo, no es la que más impresiona. Llama mucho más la atención su fachada principal con sus tres portadas de tradición románica, en las que aún quedan algunas magníficas arquivoltas decoradas con motivos geométricos y vegetales.
Pilar Martínez Taboada:
Todos los que llegan a Sigüenza quieren visitar al Doncel. Nadie queda indiferente ante la figura de ese joven caballero tallada en alabastro y ensimismada en la lectura de un libro. Martín Vázquez de Arce murió heroicamente en la acequia gorda de Granada y su familia quiso que nunca se olvidase su arrojo, plasmado en sus ropas militares, y la modernidad de su formación intelectual. Esta capilla del Doncel no es la única joya artística que merezca ser visitada en la catedral seguntina; cómo no admirar también en ella el altar renacentista de Santa Librada y el mausoleo de D. Fadrique de Portugal, o el retablo barroco de su altar mayor. Cómo no entrar en la Sacristía de las Cabezas y quedar sorprendidos ante los miles de rostros que nos mirar desde su bóveda. Recordemos que la trazó Covarrubias y en ella trabajó el maestro seguntino, Martín de Vandoma, autor del pulpito renacentista de la Catedral. El púlpito gótico y la sillería de coro nos recuerdan el mecenazgo artístico del cardenal Mendoza, quien fuera obispo de Sigüenza a finales del XV. Cómo no recorrer, a continuación, en silencio las pandas de su claustro gótico y admirar la perfecta simbiosis de los estilos mudéjar, gótico y renacentista de la portada de la capilla de la Anunciación. Viajero, antes de abandonar el templo seguntino, cuyo interior sorprende por su esbeltez, no olvides hacer una parada ante la Virgen de la Mayor, esa imagen medieval que preside sonriente un espectacular trascoro barroco.
Un poco de esfuerzo siempre tiene su recompensa. Terminada la visita más que recomendable de la Catedral, conviene coger un poco de aliento para ascender la cuesta que propone la calle Villegas, y continuarla por Arcedianos.
La estrechez de su trazado, de herencia medieval, abunda en la sensación del viaje en el tiempo. La recompensa, al llegar ya con poco resuello a la Travesaña Alta, es la visión de la Iglesia de San Vicente. El contraluz del día la ilumina de forma natural, destacando su portada maravillosa. El recogimiento de su interior, no desmerece en absoluto.
Pilar Martínez Taboada:
Desde el siglo XII es parroquia seguntina esta iglesia de San Vicente, cuya advocación está estrechamente relacionada con la historia de la reconquista de la ciudad. Fue el 22 de enero de 1124, día dedicado a este santo diácono y mártir, cuando las tropas castellanas, al mando del obispo seguntino D. Bernardo de Agén, conquistaron el castillo de Sigüenza a los musulmanes. En recuerdo de esta victoria, se dedicó a San Vicente una de las parroquias que se alzaron en la ciudad a mediados del siglo XII. A principios del XIII se amplió el primitivo templo y su interior es hoy un ejemplo del estilo protogótico. Viajero, desde la plazuela del Doncel, donde se alza la casa solariega gótica de la familia de Martín Vázquez de Arce, solo podrás ver sus muros y su torre de las campanas.
Pero si avanzas lentamente por la Travesaña Alta podrás descubrir poco a poco las arquivoltas de tradición románica que componen su portada, semejantes a las alzadas por estos mismos años en la fachada principal de la catedral. Si quieres admirarlas en todo su esplendor, tienes que situarte frente a ellas al final de la calle San Vicente, la que en aquellos años unía la Judería seguntina, ubicada en la Travesaña Baja, con la Travesaña Alta, sede de las ferias anuales de la ciudad.
Antes de continuar tu camino, penetra en su interior, rehabilitado magníficamente por su párroco, para admirar su cristo gótico. 
Hay muchas más joyas arquitectónicas en la Ciudad del Doncel, pero por cercanía con la de San Vicente y por sabrosura estética, bien merece la pena llegarse hasta el final de la Travesaña para, bajando por la calle Mayor, enfrentar la maravillosa portada de la Iglesia de Santiago. El sol, generoso en extremo con ella, la ilumina con potencia, convirtiendo en oro sus piedras en muchos momentos del día.
Pilar Martínez Taboada:
A principios del siglo XIII, esta parroquia seguntina dedicada al apóstol Santiago se reedificó como lo había hecho la de San Vicente, conjugando el estilo protogótico de su interior con las arquivoltas de tradición románicas de su portada, decoradas con motivos geométricos y vegetales. Su nueva fábrica vino a reforzar el lienzo oriental de la muralla románica seguntina, el que corre paralelo al barranco del Vadillo, pues su cabecera al exterior se asemeja a una torre defensiva. En la Edad Media en su interior se celebraban los Concejos abiertos de la ciudad, a cuyas sesiones sus vecinos eran convocados por el tañido de su campana. En el siglo XVI, en época del obispo D. Fadrique de Portugal, cuyo escudo corona sus arquivoltas, se convirtió en la iglesia de un Convento de Clarisas, que fue destruido en 1936, al principio de la Guerra Civil. El templo, parcialmente demolido entonces, ha sido recientemente rehabilitado. Deseamos sinceramente que en breve pueda convertirse en una sala donde celebrar todo tipo de actividades culturales.
Saliendo de la ciudad en coche, el postre de este primer recorrido que les proponemos es tan suculento como el resto del menú. A muy poca distancia, sólo 7 kilómetros, está la pedanía seguntina de Carabias. Menos de diez personas tienen la suerte de poder ver a diario su maravillosa iglesia parroquial de San Salvador. Perfectamente restaurada, sus arcadas parecen hechas para ser admiradas desde lo alto. El soniquete del agua de la fuente completa la paz del lugar. La galería porticada es impresionante. Quizá sea el máximo exponente del románico rural provincial.
Pilar Martínez Taboada:
Merece la pena llegar hasta el pueblecito de Carabias, para contemplar en su iglesia de San Salvador, el mejor ejemplo de galería porticada de la provincia de Guadalajara. Hace años, el doctor Layna Serrano, el que fuera Cronista provincial y uno de los primeros estudiosos de su arquitectura románica, ya imaginó como lucirían sus dos amplias arquerías sin los muretes intermedios que las afeaban. Una cuidada restauración ha logrado que sus arcadas meridionales y occidentales se nos muestren en todo su esplendor, apoyadas sobre columnas pareadas, cuyos capiteles vegetales son de clara influencia seguntina. Estas galerías, de las que tenemos otros ejemplos muy cercanos en Saúca o Jodra del Pinar, eran el lugar de reunión de los vecinos del pueblo en época medieval. En una de las arquivoltas de la puerta de acceso al interior del templo la decoración vegetal es semejante a las de las parroquias seguntinas, pero en sus desdibujados capiteles se adivina una decoración figurativa que en aquellas no existía, entre la que destaca una sirena pez. Viajero, reflexiona sobre lo que significó en su momento este que ahora llamamos “románico rural”, fue el resultado del digno quehacer de unos artesanos que supieron imitar con maestría los modelos creados en la ciudad episcopal hasta llegar a su altura.
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