La caída de la actividad empresarial ha hecho que las industrias afectadas por el Protocolo de Kioto no tuvieran que acudir al mercado de estos derechos.
Como dice el refrán, a veces no hay mal que por bien no venga. La crisis económica y financiera, que tanto daño está haciendo a la productividad empresarial, ha disipado por el contrario todas las preocupaciones que suscitó en 2005 la entrada en vigor del Protocolo de Kioto entre las empresas afectadas por la obligatoriedad de reducir sus emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero hasta el año 2012. El motivo no era otro que el enorme esfuerzo que, según aseguraban, iban a tener que realizar para cumplir con estas exigencias.
Una inquietud que con el importante parón en la actividad que han sufrido la mayoría de sectores productivos ha hecho que donde antes había déficit de derechos de emisión de dióxido de carbono (CO2) ahora hay superávit, de tal manera que las industrias más contaminantes no han tenido que acudir al mercado de estos derechos para poder seguir funcionando con normalidad.
Sector del ladrillo
El caso más elocuente es el de las cincuenta empresas dedicadas a la fabricación de tejas y ladrillos en Castilla-La Mancha, ya que en 2009 tan sólo emitieron 299.804 toneladas de CO2, a pesar de que la asignación que les había sido transferida para ese año ascendía a 869.452 toneladas, dentro del segundo período de aplicación del comercio de derechos de emisión para el período 2008-2012.
En términos relativos esto significa que el sector de la cerámica industrial castellano-manchego "desaprovechó" el 65% de los derechos de emisión asignados. Una situación extrapolable al conjunto de sectores sujetos al comercio de estos derechos en Castilla-La Mancha, ya que los 7,45 millones de toneladas emitidas en 2009 representan un 34% menos que las que les habían sido asignadas.
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