Sábado, 12 junio 2010

Otro tipo de soluciones para esta crisis

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EL Gobierno va a presentar la Parlamento, por fin, un plan de reforma del mercado laboral que debería estar aprobado hace más de un año, y que no ha sido posible a causa del desacuerdo profundo entre los representantes empresariales y los representantes sindicales. Y según se va conociendo el contenido de las discusiones, cuesta creer que siguamos discutiendo si vamos a salir de la crisis pagando 32, 36 ó 40 días de despido.

Las empresas necesitan flexibilidad para adaptarse a los tiempos, y nosotros seguimos atados a unos conceptos heredados del franquismo, cuando el dirigismo estatal estaba mucho más presente. Todo el sistema económico ha evolucionado, pero en España no ha existido una evolución paralela, quizás porque también hemos heredado un concepto de la función de los agentes sociales durante la transición que se ha mantenido más allá de lo esperable. En cualquier caso, el empresario navega esta crisis con la e miedo a crear un puesto de trabajo, que llegado el momento de la reducción, conlleva un desembolso a veces inasumible. Y da igual que hablemos de 32, 36 ó 40 días. Por otro lado, es lógico que los trabajadores se nieguen a perder o sufrir merma en un derecho fundamental.
Más allá de discutir la cuantía, lo que hay que hacer es discutir el cómo. Son muchas las empresas que prorratean las pagas extraordinarias. El trabajador recibe cada mes su parte proporcional, y él mismo se administra. la empresa paga lo mismo, pero en cómodos plazo que le evitan un serio problema de financiación cada seis meses, y el trabajador puede decidir que hace con el plazo. Esté todos seguros de que si se pudiera hacer lo mismo con el despido, es decir, una vez pactado el sueldo, se calcula el despido que correspondería en aso de despido, año por año, y el trabajador cobraría la parte proporcional cada mes. Que no es despedido, mejor para todos. Él es libre de administrarlo como mejor le venga. Cada año, se actualizaría. El empresario, de esta manera, podría acometer la reducción sin problemas de capitalización, y el trabajador habría cobrado todo de antemano... es la esencia del sistema austriaco, aunque con matices. De momento, parece ser que el Gobierno plantea otra fórmula, como es el fondo de capitalización, que aliviaría a las empresas el desembolso en bruto, sin esfuerzo para el trabajador, mezclando también algunos conceptos del sistema alemán... en cualquier caso, es una oportunidad para reformar en profundidad el sistema laboral español, que nos aleja cada vez más del concepto de competitividad que prima en el mundo avanzado.
Pero también podemos estudiar fórmulas específicas para grandes momentos de crisis, como un auténtico “hospital de empleo”, que sería un sistema de reducción temporal o despido temporal condicionado, tutelado por el Estado, que permitiera afrontar periodos de dificultad sin dejar a nadie en el camino definitivamente,  o “contratos de emergencia”, que permitirían la suspensión, mutuo acuerdo, de algunas garantías para ambas partes, entendiendo prioritario la creación de un puesto de trabajo.
En el mundo se crean cada día nuevas fórmulas que conviene estudiar y aplicar sin miedo.

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