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Miércoles, 4 enero 2017

2017: Un año decisivo

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En este año recién inaugurado como poderosos navíos en que alcanzar tierras de herejía política, se presta como perspectiva de orden una nueva época que dé como resultado la recuperación de esta peste negra que comenzó en 2008. Mucho tiempo ha pasado desde que los recortes, tanto en el zapaterismo como más sangradamente en el rajonismo, han desgarrado la tersa piel de las Españas en que “Est Deus in nobis”. Aquellas épocas de esplendor y de ladrillos que luego acabaron en tragedia tienen que regresar a la humedad de los cuerpos españoles si la gobernación de las ínsulas se hace de propiedad y buen gusto. Hay que volver a leer a Rousseau.

 

En manos de nuestros políticos está que el 2017 sea novela pastoril o, por contra, un gótico de terror y agonía. El Rey, en su discurso de Nochebuena, ofreció optimismo y reconciliación. Todos sabemos que las palabras de Nuestra Majestad dicen mucho pero nada hacen. Urge la necesidad de que la política se serene, se aventure de nuevas religiones sociales, se acostumbre a dignificar este estado de depauperación en que hemos atravesado con acémilas hambrientas unos años de absoluto fracaso político. Cervantes vuelve a los caminos y la política debe regresar al quijotismo como norma no sólo de idealización sino de palabras ciertas y de nobles reparticiones.

 

Nuestra sociedad fragmentada tiene que dejar de padecer como niño con alferecía, esto es, epilepsia, para recobrar una salud democrática en que la desigualdad de la ciudadanía vuelva a escribir con pluma de ave el pergamino de la libertad y la fraternidad. Las Españas tienen que salir de aquellas y estas escuras selvas para la nuestra medicina que debe adivinarse dentro del Congreso de los Diputados, únicamente, me pregunto, por sanar las heridas contraídas en el duro combate protagonizado contra el monstruo económico y los gigantes de Bruselas.

 

2017 debe ser bello o no será. Para ello la nación política debe casarse con las nubes por evitar aquellas y estas tormentas y crear un sol claro y prístino que arda en común turquesa en los débiles cuerpos de las masas populares. Todo en la vida es política, la cual afecta no sólo a la subida del pan, sino también a la astrología. Pidamos que los astros nos traigan universos caudalosos y que la pena y la resistencia se agoten definitivamente en la prehistoria de una modernidad que haga de las Españas, de nuevo, una de las mejores naciones del mundo.

 

Este optimismo que lanzo como cerbatana en reflexión está motivado por mi creencia que la utopía puede recobrar una praxis que dogmatice otra vez las alegrías y esperanzas de un reino que deje de escribir la eterna elegía.

 

Más sonetos amorosos y menos máquinas en donde se industrialice el pesimismo y la decadencia.

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