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Miércoles, 11 enero 2017

Sorteando obstáculos en las aceras

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Me comentaba hace ya mucho tiempo un compañero del colegio haciendo referencia a la carrera que estudiaría cuando termináramos el bachillerato, que su vocación era la medicina. Bien, pues un buen día pasados ya varios lustros me lo encontré por Ciudad Real y hablando de todo un poco me dijo que ejercía en un Instituto como profesor de Biología. Le pregunté qué fue de su vocación de médico y me contestó tajante, creí que la tenía pero cuando a las cuatro de la tarde con la comida en la boca nos metían en una sala para diseccionar y te daban un muslo que no era el de un pollo, empapado en formol y con más costurones que pueda haber en una sastrería, entonces supe que lo mío no era eso y es que mi estómago era demasiado frágil para tragar tan desagradables restos.

 

Lo que viene a continuación no va de muertos sino de vivos. El metabolismo es algo inherente a los seres vivos y con él se produce la necesaria desasimilación y expulsión del sobrante orgánico. Nuestra sociedad occidental ha establecido entre sus hábitos higiénicos sitios al uso para realizar estas funciones.

 

Pues bien parece ser que existen personas que se comportan como si no se hubieran enterado. Y pongo como ejemplo de esto a las sufridas aceras de nuestras calles. Hace unos días me dirigía a la sede de una ONG que aún permanecía cerrada. La entrada está situada en un pasaje poco transitado, bien pues ahí estaba el buen mozo en el quicio de la puerta “aliviándose de manera generosa” dejando en la entrada un innecesario abono de urea que los ladrillos no necesitan para nada. La verdad es que me quedé sin saber reaccionar y como el mal ya estaba hecho y todos sabemos lo mal que sienta el “interruptus” provocado en cualquier función fisiológica dejé que consumase la micción.

 

Pero no es el único ejemplo de “alivios”. Nuestras sufridas aceras necesitan con urgencia que les sean instaladas unas escupideras a modo de higiénicos contenedores para residuos más o menos sólidos de humanos. Estos prácticos receptores de los esputos reclaman su presencia ante la gran cantidad de proyectiles lanzados por viandantes con poco sentido de la higiene. Y de paso podrían instalar también unos pequeños servicios para los antes desnudos, pobrecitos, y ahora cada vez más abrigados perros y evitar así que las aceras se conviertan entre los  residuos de unos y otros en una pista americana sobre todo por las noches. Y si llueve, entonces ni les cuento.

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