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Jueves, 12 enero 2017

Penalty or not penalty; that is the question

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

No me tomen por petulante. He creído coherente reflejar el título en inglés por eso de que el fútbol tuvo su origen en aquella irrepetible tierra de William Shakespeare donde viven unos señores muy raros que conducen al revés y que miden las distancias en pies en vez de hacerlo en metros; pero lo hago ante todo porque después de que el universo se preguntase sobre “el ser o no ser” en Hamlet como interrogante metafísico, aparece como segunda duda existencial de medio mundo eso tan difícil de decidir en el futbol de que una mano en el área sea o no sea  penalti. Porque pocas cosas que están reglamentadas, están a su vez tan perfectamente indefinidas como lo de “tocar el balón deliberadamente con las manos dentro del área” o así parece; la prueba está en la cantidad de dudas y polémicas que suscitan muchas decisiones arbitrales.

 

 Esto de los penaltis es un tema históricamente recurrente al que se le deben miles, millones de horas de reflexión en bares, peluquerías, centros de trabajo…nada más apasionante que discutir sobre si una jugada en el área ha sido merecedora de la pena máxima. Que ningún deporte arrastra a tantas personas de una manera apasionada.

 

Otra cosa no veremos pero futbol en la televisión, todo el del mundo mundial. Aunque tal y como está la hoy programación resulta un agradable y por ahora inofensivo pasatiempo. La liga inglesa, italiana, alemana, la liga portuguesa, argentina, francesa…y todos desde la butaca del salón de casa durante todos los días de la semana. Y claro, con tanto balón y tantas manos es muy difícil no recurrir a los agravios comparativos. Pues bien, es de suponer que el reglamento del fútbol está hecho para todas las competiciones en todos los países donde se practica. Sin embargo esta suposición que respondería al puro sentido común se desmorona cuando vemos los criterios tan distintos que marcan los árbitros a la hora de sancionar los penaltis cometidos por tocar el balón con las manos en el área.

 

El reglamento indica con una frase corta lo que debe entenderse por penalti. Pero, amigo mío, ¿quién puede asegurar que un jugador tiene intencionalidad en cometer penalti? Ese criterio que juzga “la intención” lo interpreta el árbitro que no es un confesor y tampoco es cuestión de parar el partido para preguntar al jugador sobre su “pecado”. Así vemos balones que van a las manos, manos que interceptan balones, manos pegadas al cuerpo como queriéndose esconder y que sin embargo encuentran al balón, manos que no tienen intención de estar donde se encuentran, manos que no sabían que el balón iba hacia ellas, balones que no querían ir a las manos, en fin, un galimatías de variables que más bien parecen corresponder a teorías profundas de la combinatoria  matemática.

 

Paso por alto la posible politización de los penaltis, esa que nos traería una práctica tan habitual en otros campos menos deportivos; pitar únicamente cuando el balón da en la mano izquierda o en la derecha…y es que, de momento estas decisiones arbitrales resultarían bastante descaradas. Pero en esta disparidad de criterios que los árbitros utilizan para interpretar el código de un brazo o una mano en el área subyace un criterio mucho más simple. El de la influencia que tiene pitar o no una mano para el resultado final. Porque hay que tener mucha determinación para pitar un penalti en contra del equipo de casa cuando las espadas están en alto.

 

Observen si no. Cuando el penalti no decide el resultado, se pita más fácilmente. Y no me digan nada si se produce nada más empezar un partido, con la de penaltis que pueden producirse después. Y es que el penalti da la sensación de estar considerado como lo que es, una pena máxima, una especie de “pena de muerte” futbolística que solamente puede ejecutarse una vez en un partido y…cuando la vida, o sea el resultado ya no importa.

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