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Jueves, 26 enero 2017

MANUEL PÉREZ CHAMÓN: OTRO ADIÓS EN LA CUENCA DE BUEN CORAZÓN (Javier Semprún)

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OPINIÓN | El Dia 2 Comentarios

Me dicen que el pasado fin de semana falleció Manuel Pérez Chamón. Sé que sus últimos años de vejez no han sido años de soledad ni de abandono por parte de aquellos que más le importaban, su familia, como sé que algunos otros olvidos le resbalaban en lo más íntimo de su ser.

 

Un hombre que hablaba siempre con tanta vehemencia como bondad, y que supo pasar por la política, por la docencia y por la vida con un código ético bajo el brazo que, por desgracia, parece ya reliquia de un pasado lejano en el que no todos los hombres se implicaban en las cosas de la comunidad por dinero o interés, deja un hueco importante de bondad en esta Cuenca tan dura, tan pasional, y últimamente tan enfrentada entre sí.

 

Manuel Pérez Chamón podía parecer brusco en algunas de sus opiniones, porque si de algo no pecó fue de hipocresía. Desde mis primeros años en la ciudad, encontré en él una mano amiga y un cierto instinto de protección que me acompañó siempre, lo que por supuesto nunca me eximía de su opinión crítica con atisbos de regañina. Sabía escuchar, aceptaba con una sonrisa la respuesta, y aunque pocas veces conseguían mover un ápice sus convicciones, sabía, sabíamos despedirnos con cariño, y, por mi parte, con esa sensación de que las cosas de la política, con ser apasionantes, no tenían por qué eclipsar los buenos sentimientos, ni la capacidad de encontrar lugares morales, intelectuales e ideológicos donde las personas normales terminan por entenderse.

 

Siempre le tuve por un maestro vocacional, enamorado de su profesión, quizás porque cuando me hablaba de la escuela, de sus alumnos, de su experiencia directiva, raras veces empleaba un tono ácido, ni siquiera para criticar lo que en su opinión se hacía mal.

 

Sé que este verano, cuando pase por Alonso Chirino, miraré hacia la terraza del Medieval por si está Manuel con alguno de sus hijos, apoyando como lector crítico y severo, pero constante, el periódico de Cuenca. Dicen lo físicos, los científicos, que ya no estará… pero yo sé que las cosas buenas de un pueblo, de una pequeña ciudad, son el fruto de sus gentes buenas, y que no siempre necesitamos carteles, esculturas ni efemérides para sentir, recordar o respirar el magisterio de quienes pasaron por la vida queriendo hacer bien su trabajo, y queriendo hacer el bien… que no siempre sale.

 

Doy por hecho que el día de su muerte dobló por él la campana de Mangana, como corresponde a alguien que fue concejal y diputado provincial. No sé si en la sede del Partido Popular, ese partido que tanto quería, que tanto le dolía, habrán rendido homenaje a su memoria. Quizás todo esto no era importante para él… pero no estaría de más reivindicar la figura de gentes que como él hicieron de la política una lugar para la acción pero no para el lucro. Una generación que, en efecto, hizo posible la transición porque lo que se ponía en juego no era el poder o el medro, sino la paz y la convivencia. Tipos a los que cambiar España les costó esfuerzo, salud y dinero… y que sabían discutir, enfrentarse y entenderse; discrepar con fuerza y compartir después un café. Al menos así era Manuel, al que siempre recordaré con  cariño y agradecimiento, a la espera de una última y amable reconvención.

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2 Comentarios
A. Manuel Pérez
Fecha: Viernes, 27 enero 2017 a las 18:17
Querido Javier, quiero agradecerte de todo corazón, en nombre de mi madre y de mis hermanos, estas hermosas palabras acerca de mi padre, tan llenas de cariño, que nos han emocionado verdaderamente y que han atenuado en gran medida nuestra tristeza y nuestro dolor. Un fuerte abrazo
Aitor
Fecha: Viernes, 27 enero 2017 a las 17:12
Chapeau Javier !!! A las buenas personas no sólo hay que reconocerles su valor. Tampoco está de más decirlo en voz alta para que quede constancia y ( ojalá ) nos puedan servir de ejemplo a los demás.

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