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Martes, 14 marzo 2017

Buscando una ética ecológica

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

La ecología conduce a relacionarnos con la naturaleza y con los seres vivos del planeta Tierra, amenazadas por la ciencia y la tecnología. La encíclica“Ludato sí” (Papa Francisco a.2015) dice que el ser humano padece las consecuencias, está en el centro y debe responsabilizarse del cuidado de nuestra casa común, ante la idea de un progreso ilimitado, hacerlo posible y procurando el bien. La ética cristiana no es suficiente ni exclusiva; también hay otras religiones y por ello necesitamos un consenso de valores a escala global, dado que los bienes de la naturaleza pertenecen a todos. Hay múltiples dificultades estructurales y son muchos los valores necesarios a tener en cuenta, comenzando por la educación, y así  poder vivir con sabiduría y profundidad, ampliar el concepto de “prójimo, con su alcance político y responsabilidad respecto al crecimiento económico y ante el bien común. Hay muchas acciones en búsqueda y explotación de bienes que tienden a ser universalizadas, como la deforestación y el crecimiento voraz  e irresponsable. La contaminación del aire, el cambio climático, verter al mar tanta basura y contaminar sus seres vivos, hacen ver que vivimos en una interdependencia  con sus consecuencias nocivas. Conviene a los cristianos  entender la vida como don recibido, con su aprecio y defensa común, haciendo ver que la felicidad  no es tener o poseer. En la Declaración de Río ya advirtió que era necesario tomar medidas y defender a los más débiles; porque existe una estrecha relación entre la cuestión social y la ecología  Por eso hay que escuchar tanto el clamor de la tierra como  el dolor de los pobres.

 

            La encíclica cuestiona la propiedad privada, como enseña la moral social, se incorporan las generaciones futuras, ampliando la solidaridad  hasta  ellas. Vale la pena recordar  los cambios, las exigencias de las recaudaciones locales, de las nacionales y del Banco Mundial, entre tantos conflictos, ciudades rodeadas de pobreza y con tantos atropellos ecológicos como la deforestación, los cultivos más lucrativos y extracción de metales, a favor del mundo desarrollado. Extraer carbón y petróleo es  contaminante; constituye un imperialismo tóxico para los humanos, como plantar pinos y eucaliptos para conseguir papel es en detrimento de otras plantaciones que eliminen el hambre. Las consecuencias de una biodiversidad favorable a países ricos y perjudican a los pobres.  Entre los países del Norte y el Sur hay una verdadera deuda, ocasionando desequilibrios comerciales e industriales, contaminan las aguas con los minerales tóxicos. Occidente tiene  una mayor  responsabilidad, dicen los obispos de USA, frente a las  necesidades  de naciones más pobres, dominadas por los poderosos. Hay que  crear y apoyar  el valor de la biodiversidad  fomentando una “ecología integral” ante la desaparición de tantas especies de animales y vegetales, atropellando culturas y derechos  humanos. Por eso con la ayuda del Cristianismo y de las otras religiones, urge recuperar una cierta sacralizad de la naturaleza, gozar con poco retornando a la simplicidad, valorar los pequeños gestos, y recordar la celebración de la vida, como enseña la Biblia.

 

            Impera un capitalismo neoliberal y globalizado, que no garantiza un desarrollo humano integral ni inclusión social. No pone límites a quienes tienen mayores  recursos. Hay quienes tienen más poder que los Estados. Proteger el medio ambiente para las próximas generaciones, es imposible desde cálculos financieros. Se  necesita redefinir el sentido del progreso y la economía. Urge atender al cambio climático, definir de nuevo la función social de la propiedad; compaginar los derechos humanos con  el proceder de las empresas multinacionales y el agotamiento de los recursos naturales, evitar la deforestación, el empobrecimiento de la agricultura y superar el paro laboral. Glorificar al Creador, cuidar la creación, progresar y buscar mayor bienestar, exige conversión cristiana y ecológica, tratando encontrar el verdadero sentido y plenitud en  Dios

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