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Domingo, 19 marzo 2017

Encontrar a Dios es gracia y tarea

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

Dios es el principio y el fin de todas  las cosas creadas por Él y para Él, que por su presencia de inmensidad lo llena todo. A las personas “nos existe,” no existiríamos sin Dios;  pero por la inteligencia y la conciencia, la intercomunicación y la historia, el hombre puede reconocerlo como padre, como esposo y como amigo, las formas más íntimas de relación humana. La complejidad de las realidades mundanales nos asombra con su grandeza, y hasta  atemorizarnos. Admiramos la belleza de la creación y en vez de acudir a su autor, desorientados centramos la atención en las cosas que pronto nos defraudan. A consecuencia del pecado original  y de nuestra condición de pecadores, los humanos nos distraemos  alienamos, olvidando al creador. Buscar a Dios, a los dioses y el enigma del más allá de  la muerte, ha sido el afán de todas las culturas. El mundo del paganismo no pudo saber que estaba redimido por un Salvador; y vivir  en fidelidad a la conciencia, que progresivamente podía esclarecerse, ya hacía posible orientarse y   encontrar posibilidades en virtud de la futura redención del Hijo de Dios Encarnado, Muerto y Resultado. Las religiones entrañan unas determinas formas de vida- incluso con sacrificios humanos, buscando el sentido, gratitud, expiación y  finalidad de lo que existe - especialmente del hombre por la experiencia de caducidad de todo lo temporal- que sintiendo añoranza e indigencia de eternidad - hizo posible que filósofos griegos  ya afirmaron la inmortalidad de Dios y del alma.

 

            Ante tantas cosas, los quehaceres de los tiempos y de las personas, demandan orientación y sentido.”En todo hay que mirar el fin, el por qué  para qué.”Pero el trabajo  absorbente y el mundanal ruido” hacen necesario contrarrestar esa alienación producida por las criaturas, que naturales o creadas por nosotros nos asedian. Los místicos han captado la experiencia de Dios en la naturaleza y en el trabajo. Los alienados, agnósticos, ateos e indiferentes,  atrapados por la realidad  dominante del consumismo con, lujos, libertades y turismo, adormecen sus conciencias. No es lo mismo  entrar en una habitación oscura, afirmando que no hay nada, que decir yo  no veo nada. A Dios no se llega desde los sentidos corporales, sino desde las fuerzas del espíritu con ayudas humanas y la gracia divina. “Sin  mí no podéis hacer nada.”Nadie  puede venir a mí si el Padre no lo atrae” según el Evangelio.” Procede recordar que la existencia  o rechazo de Dios no se demuestra, sino que se muestra. Los años, los días y las noches fundamentan el calendario del tiempo y con las referencias históricas. Pero la novedad de la Iglesia en  acomodar el tiempo a los misterios de Cristo, que culminan con la Resurrección. Este acontecimiento no puede quedar oscurecido por la ciencia  ni por la sabiduría humana.

 

El quehacer litúrgico es alabanza, glorificación de Dios y santificación del hombre, nos hace revivir los misterios de Cristo. La Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia, se acomodan al ritmo solar, destacando la Navidad y la Pascua de Resurrección.

 

Si Navidad es esperanza porque viene el Salvador, la Cuaresma preparación ante la Muerte y Resurrección del Señor, para nosotros. Tenemos un quehacer por la salvación de todos. Un buen método y resumen es pedir al Padre común, disponernos a asumir los sentimientos de Cristo. Empeño difícil  en la sociedad y cultura actuales, sumergidas en un subjetivismo  individualista que acentúa las desigualdades, el escándalo insensible al bien común, y la banalidad y vaciedad e insensible a la esperanza trascendente. La Palabra de Dios induce a  la oración y comunicación con Él, para la apertura fraternal mediante la caridad y a la comunión con Dios, que entraña volver a la comunión con los demás.”Ayuno, oración y limosna” se han recomendado siempre. Sinceridad, humildad, generosidad y amor” curan de “cegueras” y durezas de corazón, en este mundo lleno de conflictos que entre todos  tenemos que vencer, por la conversión y la  ayuda  de  Dios.

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