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Lunes, 20 marzo 2017

Vivir las creencias con naturalidad

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

Somos familiares y sociables por un deber fundamental humano, como  católicos además por la misericordia de Dios. La vida humana es la primera universidad para estructurar la sociedad. Los humanos hemos poblado islas y continentes; en cierto modo dominadores de los mares y del espacio; con técnicas, idiomas, artes y culturas; cada día con mayor intercomunicación y curiosamente, a la vez deseamos la soledad; afrontando los males que nos sorprenden y añorando lo eterno; la muerte nos arrebata la existencia. En esta universidad abierta y sin paredes, cursamos y nos graduamos todos  en busca de lo mejor y afrontando laboriosamente lo peor. Después de Dios, el hombre es el mayor misterio. La Universidad como realidad académica, se definió: comunidad de maestros y discípulos para buscar la verdad, formar profesionales, investigar y trasmitir la cultura con libertad, asumiendo la herencia  greco-latina, hasta unirla luego como creación de la Iglesia como templo sagrado del saber. Fue un intento de armonizar todo, dialogando entre la razón y la fe. Posteriormente la política y el poder, sin buscar apasionadamente la verdad, se desvían, masifican y degradan su finalidad esencia, según los extendidos. ¿De verdad responde a lo que buscan  el hombre y la sociedad?  Las comunicaciones y la política son sus mayores rivales. Muchas envenenan las conciencias con sofismas, escepticismo, relativismo y perversión de la verdad, que al fin se impone por si misma, tras  experimentar escarmientos  y  fracasos de difícil remedio.

 

Pero no todo es economía, bienestar y libertad sin verdad ni referencias éticas. Hay otra universidad encarnada y semejante a la primera, con sus luces y en respuesta a la búsqueda de salvación, ofertada a todos los hombres libres  e  iguales, que viviendo en la tierra  piensa en la Verdad  alternativa que es Dios, Verdad y Bien, conocido por la fe y la razón, que atrae sin obligarnos ni cancelar el merito del esfuerzo ni las culpas. Los creyentes admitimos el pecado original contra al bien, no el naturalismo ilustrado. El aislamiento no impulsa la necesidad de formación; quienes la despiertan son nuestra familia, la escuela  y la cultura, sensibles a valores esenciales, teniendo en cuenta las instituciones resultantes y necesarias, como la relación y anhelo de Dios, que  el hombre siente, respetando la creación; algo que no tienen en cuenta  los poderes secularizados. Los cristianos no viven aislados por aceptar la fe, la razón y el amor, ni alienados ni entristecidos por la hostilidad del laicismo. Su optimismo procede de Jesús y su mensaje, según el cual, las personas están  vinculadas por la gracia y misericordia divina y pueden alcanzar la libertad y salvación eterna.7

La gran novedad en el mundo en que habitamos – como la universidad  de todos los siglos - con sus historias y culturas, es Dios que se ha dado a cocer en la plenitud de los tiempos, se compromete con el hombre y da sentido al desarrollo y humanización como quehacer nuestro. Con la oración del Hijo, el Padre  Nuestro, el Sermón de la montaña y el Bautismo- verdadera consagración y alianza- se inaugura nuestra historia. Ninguna  sabiduría  ni los avances científicos en las Universidades  puede borrar la gran verdad: que el hombre es libre y capaz de salvarse o condenarse. En  la Navidad  dice la Liturgia: “En el mundo que  caminaba entre sombras, brilló una gran luz.” La fe en Dios y la obligación de amarlo, es una verdad y con un lenguaje asequible. El Hijo de Dios Encarnado irrumpió en nuestra historia, nos hizo inteligible a Dios, como compañero de trabajos, fatigas y dolores; instauró una vida  nueva, inauguró la fraternidad  humana; por Él podemos contemplar la Creación y por sus maravillas a la vez glorificar al Creador. Y con su ayuda es posible  hacer un mundo más justo. En la oscuridad y aridez terrena  endurecida  por la maldad, podemos ser  luz y  fertilizarla con la fe, la esperanza y la caridad. Cristo vino  a dar sentido a la creación entera al hombre y a la historia.

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