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Martes, 14 marzo 2017

Tiros en el pie

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

“Cuidado de la democracia. Como norma política parece cosa buena. Pero la democracia del corazón y la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad”. José Ortega y Gasset 

 

Decía un político de primer nivel que “en democracia se vence cuando se convence con argumentos y razones”. Como frese resultaba y sigue resultando preciosa, pero como realidad, desgraciadamente, una quimera, un brindis al sol, y en el mejor de los casos en una mera declaración de intenciones.

 

 Habría que corregirla para que expresara el deseo de que así fuese: “se debería convencer con argumentos y razones”. Porque seamos sinceros, en nuestra democracia no se convence en general con argumentos y razones, sino con las turbias y calientes razones…del corazón; se gane o no.

 

 Aquí se sigue votando con demasiada frecuencia al albur de dos ideas, cuales son “el pasado” y el “en contra de”. ¿Cómo es posible? Pues según mi personal criterio tres son las causas. La primera tiene que ver con la de que muchos votantes no sienten la necesidad de explorar en los entresijos de los mensajes que los distintos partidos políticos ofrecen, es más, lejos de eso se afanan en justificar determinados comportamientos incluso delictivos de alguno de los miembros del partido de sus amores como si les fuera en la vida en ello y así nos va la vida política, claro; la segunda ha de ver con el poco interés que algunos políticos parecen tener de que la “masa electoral” posea más cultura política lo cuál para ellos es más cómodo ya que su discurso resulta así menos exigente y la tercera y más profunda, a una auténtica crisis de ideas y de esos mismos discursos.

 

 Insultos de distinto calibre, consejos sibilinos de unos a los otros, mítines en los que se habla de todo menos de los problemas inmediatos que interesan al electorado, a la localidad o al vecindario, recurriendo a temas que resultan muy lejanos. Porque ya me dirán ustedes que pinta en el mitin del candidato a una alcaldía manchega por ejemplo, un peso pesado nacional hablando de la inaguantable cuestión vasca, por expresarlo suavemente.

 

 Desde luego que las campañas electorales son un auténtico despropósito en cuanto a los mensajes y actitudes que muchos políticos de primera fila, en articular de algunos partidos, lanzan en las localidades que visitan. El nivel conceptual de los mítines limita frecuentemente con la ofensa a la inteligencia de los votantes y recuerda a tiempos ya lejanos en el estilo y en las ideas.

 

 Pero en estos días las acusaciones están yendo mucho más allá. Estamos escuchando con frecuencia afirmaciones que son de juzgado de guardia. Cuando un político se dedica a decir de otro partido que es una amenaza para la democracia mientras las encuestas dan a éste por ganador, la torpeza en el manejo del arma verbal puede acabar siendo un auténtico tiro en el pié de quien lo dice, para ahora y quizá para un futuro muy cercano. Entre todos deberíamos hacer un ejercicio mental para calmar los ánimos porque el corazón es el mejor consejero para amar, pero también es el mejor catalizador para llegar a odiar. Mucho cuidado con esto.

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