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Miércoles, 15 marzo 2017

El tongo en política

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Siendo apenas un chaval, veraneando en una ciudad de la costa valenciana, asistí con unos amigos a un espectáculo de lucha libre en un cine de verano. Una serie de combates en los que siempre ganaban los luchadores más apuestos, (en respuesta a ese estereotipo cinematográfico en el que los malos también son muy feos).

 

Como en un principio, pardillo de mí, creía que los combates iban en serio, los seguía bastante ilusionado. Presencié varios de ellos…hasta que un día aparecieron en escena dos “gladiadores” bastante malos y lo que ya venía sospechando…se hizo realidad. Aquellos combates que en apariencia se presumían tan tremendos, aquellas caídas tan espectaculares, aquellos golpes, eran “casi reales”…pero les sobraba ese fundamental y definitivo casi…para que fueran de verdad.

 

Creo que observando ciertos acontecimientos, concernientes a la composición de unos estamentos que son decisivos para la estabilidad de la vida democrática, nuestro sistema bien pudiera tener ciertas similitudes con este espectáculo de lucha libre…política. No quiero decir con esto que la democracia que tenemos no lo sea en realidad o esté alicortada como algunos, que se dicen demócratas, vienen diciendo ahora, que habría que verlos si llegaran a gobernar ellos, observando cómo lo han hecho en otros países.

 

Pero sí creo, hay una cuestión que impide lograr una mayor profundidad en la credibilidad de este sistema democrático. A saber, la más sabida y ya añeja cuestión de la independencia del poder judicial. ¿Somos todos los españoles y cuando digo todos, no quiero decir casi todos, igualmente tratados por la justicia?

 

Respecto a la pregunta y por lo que seguimos viendo, existen a su vez dos cuestiones a analizar. La primera, que mantenemos esa aberrante distinción calificadora de jueces conservadores y progresistas. No conozco mayor disparate conceptual que poner en el fiel de la balanza otra cosa que el peso de la justicia. Y la segunda, el llamativo comportamiento de algún fiscal sacando pecho y defendiendo denodadamente a un miembro de la familia real y algunos jueces que parecen ralentizar algunos procesos cuando el imputado es alguien de mucha relevancia social o está emparentado con la persona anteriormente citada.

 

Porque da la sensación que existen dos justicias, la ordinaria y la otra. La medianamente rápida, inflexible y profesional, aplicada para los ciudadanos comunes dentro de un hipotético convenio colectivo penal y la otra, sumamente lenta en plazos, demora de procedimientos que terminan con sentencias sorprendentes…y que es aplicada para la “gente guapa”. Que en tertulias, kioscos y demás lugares de reuniones más o menos improvisadas, la gente se hace las mismas preguntas. ¿Para cuándo piensan enchiquerar a….esos en los que todos pensamos? No hace mucho que el representante de un sindicato de policía lo expresó de manera muy clarita. Cuando la justicia se topa con el poder…parece ralentizarse.

 

 Presidentes de entidades financieras que “tocan” sus cuentas para sacar sus valores a bolsa y son recompensados con altos cargos en importantes empresas. Políticos que se valen de sus puestos para lucrarse y ahí siguen dando consejos y representando a la ciudadanía, por no hablar de aquellos otros, que aprovechando este desconcierto, planean un acto secesionista proclamándolo a los cuatro…cientos vientos. Y aquí…como si no pasara nada…que ya veremos lo que pasa, si es que pasa alguna vez algo con alguien…al más puro estilo de Miguel Gila. Todos ellos tratados como si estuvieran incluidos en un especial convenio para nada colectivo, en una justicia personalizada, demasiado politizada y permeable a otros poderes.

 

Pero ¿en qué país seguimos estando? Yo hace tiempo supe que la lucha libre es tongo muy bien representado, un camelo al fin y al cabo. Sin embargo y a pesar de ser una parodia, los pseudo-luchadores siempre tenían cuidado, mucho cuidado en esquivar malas caídas y sobre todo evitar los golpes…bajos.

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