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Miércoles, 19 abril 2017

Contra olvidos y perversiones

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

Dada hoy la velocidad  para todo, el que no mira adelante atrás se queda y quien desconoce el pasado desatina. La realidad  de España  está en manos de las generaciones  que se suceden, cuyas obras quedan plasmadas en la cultura, como el humus necesario para  poder seguir viviendo y progresar. España pertenece a los españoles; pero no todos pensamos lo mismo; hay pluralismo fundado en principios y valores de nuestra realidad histórica y de las circunstancias de cada tiempo. La España bimilenaria y católica surgió de dos formas coincidentes en la Era cristiana, primero la  romanizada, luego visigótica y católica y desde el III Concilio  de Toledo del a.589, con su unión de Iglesia- Estado, en colaboración y sin confusión. Después durante casi dos siglos de esplendor, aquí el cristianismo se hizo cultura, tuvo que hacer frente a la invasión  musulmana y defendió su propia realidad sagrada. Y si sumamos la Reconquista, la evangelización del Nuevo Mundo, la defensa de la Cristiandad  en los ss,XVI y XVII, el  crecimiento de nuestro poder, con las Catedrales, nuestra Literatura y con el Arte sacro disperso en iglesias, conventos y museos, nos permite sentirnos hoy, como la más antigua de las cinco grandes naciones europeas influyentes del Occidente cristiano  Nuestro s.XIX difícil, nos dividió y empobreció con guerras internas, hasta culminar en la última y con la persecución religiosa que destrozó buena parte de nuestro patrimonio religioso artístico. Esto nos convierte en la nación de mayor número de mártires  del mundo en el s. XX.

 

“Los católicos no somos extravagancia  anacrónica  e intelectual, que entorpece la marcha de la vida, de la cultura y el desarrollo. En Occidente  se  respeta y hasta se pide su aportación para afrontar los desafíos modernos, imposibles sin retornar a sus raíces. No hay en nuestra  civilización  mejor  defensa  de la persona y de su libertad, de esperanza y convivencia para el amor, comparables a la del catolicismo. El laicismo  sin de alternativa de valores y principios, en parte está fundado en ignorancia y  perversión contra el cristianismo, quiere silenciarlo porque su verdad molesta.  El Cristianismo se ha  hecho cultura, necesario y fundamento de libertad, de esperanza y de sentido, la razón de sus mayores glorias y forja de sus santos. Que aparezcan en los Medios las referencias de nuestras creencias, es un derecho y una necesidad que alimenta el espíritu  con las creencias que nos cohesionan. Desde siempre  y especialmente desde la edad media  nuestros reyes defendieron  el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad de las personas y de la Iglesia que llamamos Pueblo de Dios. La no-confesionalidad del Estado  se funda, en que éste no es sujeto de fe, no se bautiza  no se salvará, ni existirá en la eternidad; pero quienes  lo gobiernan y desde su autoría en el orden temporal, tienen que respetar los derechos y atender las demandas del pueblo al que sirven. Lo que si deben procurar es la convivencia pacífica de las religiones, y es de sentido común  atender  a la religión más predominante en la realidad histórica de cada nación.

 

Hoy existen ciertas presiones y corrientes ideológicas, que pretenden cambiar la realidad, la naturaleza y la dignidad de las personas, con una ingeniería social contra la naturaleza humana. Hablar de género sin distinguir sexualidad, genitalidad y afectividad  en hombre y mujer, como realidades distintas y complementarias, es como pervertir  la naturaleza y la Historia. Cuando todo se edifica con valores e intereses  sin fundamento ético sólido,  se contradice el orden creado, se rompe  el equilibrio y todo se quiebra. En la política, como servicio al bien común, debe prevalecer  y armonizar: el bien personal, familiar, nacional y hasta mundial.. Sin esta referencia básica al orden ético, a la verdad y a la justicia, la democracia se corrompe y los sofistas imponen la vaciedad y su nada. El Cristianismo enseña: “Todo es vuestro, vosotros  de  Cristo y Cristo de Dios.” Esta es la gran batalla en el mundo en la que todos participamos, aunque en  campos distintos.

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