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Sábado, 1 julio 2017

EL PÉNDULO DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA DE 1977 (Por Rafa Montilla)

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OPINIÓN | Rafa Montilla 0 Comentarios

El baldaquino en su lugar. SM el Rey D. Felipe VI, impertérrito, en su lugar. Los Diputados y Senadores, políticamente presentes. SM el Rey Emérito D. Juan Carlos I, obligado a ausentarse. Políticos y Amiguetes varios, añorando regresos o soñando con nuevos pasados. ¡Solemnes Todos! Se posicionan para la foto viral que les “famosee” fugazmente ante la opinión pública. Así, rápida y suave como la brisa de la mañana, pasó la celebración sobre la Transición a la Democracia en su 40 cumpleaños.

Salvando el discurso pronunciado por SM el Rey D. Felipe VI, que sin llegar a ser memorable, sí que ha sido bastante acertado para los tiempos que corren por nuestro país, sobre todo al manifestar que “ningún camino que se emprenda en la democracia puede ni debe conducir a la ruptura de la convivencia o la división de los españoles”. ¡Lástima que no se le escuche! 

 


El resto de declaraciones vertidas durante o sobre los actos celebrados el pasado día 28 de junio, en la sede de la representación nacional en Madrid, poco tienen que destacar. Se trataría de comentarios vagos, difíciles de creer, aunque se encuentren confeccionados elegantemente siguiendo las pautas de manuales ya conocidos. En cuanto a las acciones seudoreivindicativas de los partidos políticos que abiertamente se declaran contrarios al sistema constitucional español, mientras que viven del cuento político sin soltar la nómina correspondiente a su cargo, tan solo decir que siguen buscando el titular fácil de prensa, que les proporcione unos instantes de atención mediática, esperando que se haga viral y se alargue en el tiempo. Por esto son peligrosos estos comportamientos políticos, porque se introducen en lo más profundo de nuestro ser, como un virus y se reproducen hasta conseguir que aceptemos sus consignas por aburrimiento febril.

 


En esto se ha convertido la política de nuestro país. En una sucesión de actuaciones circenses, con perdón para los profesionales del circo, donde se prima más el nivel de audiencia que los problemas diarios de los ciudadanos. Así, no es extrañar que se intente recordar un acontecimiento importante en su día, como el período de la transición, pero que hoy,  poco o nada importa a la mayoría de la población. Y los que muestran algo de interés, tan solo les motiva la posibilidad de cambiar los hechos ya ocurridos por una versión 2.0, acorde al siglo XXI, aunque para ello tengan que inventar hechos y personajes que nunca existieron. Como si manejaran a su antojo “la Máquina del Tiempo”imaginada por H.G.Wells y publicada por primera vez en 1895.

 


Entonces ¿para qué se realizan estas celebraciones? Principalmente para la galería, los incondicionales y proporcionar titulares de prensa que puedan ser utilizados como armas arrojadizas en las guerras políticas del momento. Antes de llevar a cabo estas celebraciones, a las que la población no suele ser invitada, se hace necesario un período de concienciación popular. Porque un acto de una hora escasa,  no puede corregir los errores por inacción de todo un año o más. El Rey representa la unidad de España según se especifica en nuestra Carta Magna, pero también se corre el riesgo de que pierda su sentido, como de hecho está ocurriendo, cuando no cuenta con el apoyo del Estado y la ciudadanía, en esta República-Monárquica en que se ha convertido nuestro país, sin darnos cuenta.

 


Cuando se actúa por impulsos políticamente correctos según el momento y lugar determinados, sin atender a otras cuestiones, tan sólo el ridículo y la confusión salen victoriosos, así parece que nuestro país, y por lo tanto también sus ciudadanos, nos hallamos aferrados a un invisible péndulo de Foucault desde hace cuarenta años, cuando después de las elecciones legislativas del día 15 de junio de 1977, nos lanzamos al vacío incognito, sin tener claro el futuro deseado, pero creyendo que la nobleza de las personas es perpetua. Por el camino perdimos nuestras ilusiones de juventud con cada balanceo de ese péndulo, que tan sólo nos permite adivinar un futuro incierto en un instante fugaz, una y otra vez; una y otra vez; una y otra vez…

 

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