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Jueves, 6 julio 2017

Desconexión

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OPINIÓN - ELDIAdigital.es | C.Moral 0 Comentarios

Ante el “esperanzador”, para unos, y “temido”, para otros, anuncio de referéndum en la Cataluña de Puigdemont me pregunto si la hipotética desconexión catalana se parecería a la que vengo viviendo desde hace unos meses sin whatsapp.

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Un día cualquiera, el sistema operativo de mi teléfono me comunica que no puedo actualizar la popular aplicación porque uno y otro son incompatibles. La incompatibilidad siempre ha sido un argumento razonable para dejar cualquier relación, así que lo entendí. A partir de entonces me quedé sin “Estado”. 

 


Reconozco que el principio de mi “desconexión” no fue fácil. Sentirme parte de algo más grande hacía que me sintiera integrada en el conjunto de la sociedad. De pronto, dejé de formar parte de los planes de mis amigos, de conocer las novedades en sus vidas, de asistir en tiempo real a la actualidad en mi trabajo. Estaba protegida por un ente mucho más grande que yo. Por otro lado, no fui consciente del control que la aplicación ejercía sobre mi vida hasta que dejé de sufrirla. 

 


Los primeros días percibí una enorme sensación de vacío e inexistencia. No recibía noticias de nadie. Ni llamadas, ni mensajes. Nada. Mi móvil permanecía en silencio todo el día y la batería se hacía casi eterna. Me sentía sola. Una sensación de abandono que fue transformándose en algo mucho mejor: la libertad. La libertad de no estar atada a nada ni nadie. De gozar de mi tiempo a mi manera, de tomar mis propias decisiones sin consultarlas antes con mil y un grupos, de descubrir a las personas realmente importantes de mi vida. Puedo dejar de lado mi teléfono durante horas y a mi vuelta no tener notificaciones. Me gusta. No. Me encanta. 

 


Ahora, la tecnología me obliga a vivir sin teléfono. Y yo, que me niego a ser su esclava, me atrevo a retarla de nuevo. Si queréis algo, llamadme al fijo. El teléfono rojo es lo único que me comunica con el exterior. Lo importante lo tengo conmigo. 

 


Soy contraria a los independentismos, pero no al mío. 

 

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