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Jueves, 27 julio 2017

Superar la posverdad y sus peligros

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Hay unas palabras oídas con frecuencia:“posverdad, relativismo y el vivir como si Dios no existiera,” que afectan a la inteligencia, la voluntad y los sentimientos, una niebla que impide captar la verdad, el bien y la belleza, que es Dios, deformando todas las cosas, suplantado las verdades y a la vez que pervierten la libertad. Abundan las injusticias, las mentiras y los engaños. Se busca la verdad científica, se rechazan y desconocen los principios éticos, Vivir en la no verdad es caer en la ignorancia, que si es culpable, lleva al sin sentido y deja a la persona desorientada y sin su fundamento.  Siendo la verdad la condición necesaria para ser libres, formar a las personas, y vivir humana, familiar y socialmente. La falta de verdad para descubrir el bien y poder amar,  se suplanta con desconocimiento e indiferencia, con el odio y la violencia. Estos males han existido siempre; hoy ante la globalización y el intercambio de las comunicaciones, el mal y el bien emplean los mismos medios, aunque usados con poca ética o sin ella. Las técnicas no son siempre buenas; la medida de su calificación buena o mala, depende del daño al planeta Tierra, nuestra casa común  y a la dignidad de ser humano, personal, familiar, social, nacional e internacionalmente. La educación en estas dimensiones  es más importante que el desarrollo económico. En tal empeño, Dios es motivación, origen y acompañamiento. No es posible una posverdad que suplante a Dios con éxito. Es evidente un neopaganismo alienante en las costumbres y vanidades humanas. Mentir hace mucho daño a las personas, a las familias y  al bien común. La historia enseña que la quiebra moral de la sociedad, quiebra al hombre y lo lleva a la ruina y a la guerra.

 

El hombre necesita las virtudes teologales: Dios como Verdad en si, revelado por (la fe) Dios como Bien para nosotros revelado (esperanza) y Dios bien en si mismo (caridad)  Dios nos ha comunicado el Misterio de  la Trinidad, el Espíritu nos lleva a la verdad plena en su  Iglesia, y esta creencia, para nosotros es la gracia de una certeza. La fe se define también como la sustancia y contenido de las cosas  que esperamos. .No podemos vivir sin amor. Es un error creer que el amor hay que merecerlo para calmar el vacío interior. Gran parte de la angustia de los humanos deriva de que no somos fuertes, ricos y guapos y por eso no somos amados, Pero la verdad es que Dios  nos ha amado primero: dándose a conocer por la Encarnación, Pasión y Resurrección de Cristo El Hombre-Dios acredita el valor y la dignidad humana, por encima de la ciencia y la filosofía. “La prueba de que Dios nos ama, es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”(Ro.5,8) Ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es la herencia  que  se nos concede para vivir como hijos de Dios. Y la Eucaristía que recibimos desde el uso de razón –  como los demás sacramentos-  es actualización y memoria del amor de Dios, que nos precede para poder responder. La Eucaristía nos enseña a compartir las gracias recibidas, a ser adoradores y agradecidos.
    

 

Los santos en la historia y en el mundo, son los testigos,  referencias  ejemplares y compañeros de esperanza. En la lucha contra el mal no estamos solos. Hay una fuerza misteriosa que nos asiste, en la lucha contra el mal, contra el odio y la desesperación. La última palabra sobre la historia, no la tienen el hombre, ni el odio, la muerte y la guerra. Los nacionalismos son idolatrías  y hasta formas de esclavitud. Las patrias y naciones  son temporales y sin tener garantizada  su eternidad. En cada momento de la vida nos asiste la mano de Dios. Han caído grandes imperios y naciones. La Iglesia en cambio está formada por los hijos de Dios, que nos precedieron y acompañan con la acción del Espíritu, Los santos son los héroes eternos que mantienen viva la esperanza frente a caducidad de todo lo temporal y humano. Tenemos necesidad de místicos que viven su existencia en tensión de esperanza y  son vigilantes  ante los bienes eternos.

 

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