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Domingo, 30 julio 2017

En bolas

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Así estaba aquella pareja de bañistas hace unos días en una playa de… La tarde no invitaba a chapuzones pero allí permanecían nuestros despelotados vigías entrados ya en carnes y años, de pie junto a la orilla, con las manos cruzadas en la espalda, él con su prominente barriga y su “piticlín” citando al viento; ella con las pieles pellejas más recogidas y caídas. Eran los avanzados de un grupo de nudistas. Sin saberlo estaba entrando en una playa de tías y tíos que tomaban el sol, más que bañarse, completamente en bolas. Había muy pocos, eso sí alejados de la orilla, hablando en grupos con la natural naturalidad de estar acostumbrados a estar al natural. Me llamó la atención que la edad de todos los contertulios fuera más bien avanzada.

 

El naturismo goza de muchos seguidores en el planeta. Tomar el sol y los baños tal y como la naturaleza nos echó al mundo debe ser algo placentero. No sé el origen de este movimiento pero quizá fuera como una réplica al puritanismo de una época, aquella en la que los bañistas se sumergían en el mar con unas vestimentas generosas, tapados pudorosamente en una estampa que hoy nos resulta ridícula. Luego, ya sabemos, vinieron los trajes de baño cada vez más ajustados, que dejaban al descubierto la desigualdad habida en las formas corpóreas de los humanos, hasta llegar a los tangas, mínima expresión del vestir…por decir algo.

 

Pero como no hay nada que cien años o mejor días, dure, la ley del péndulo también funciona en esto del atavío en los atuendos para bañarse. Los seguidores del nudismo siguen tomando el sol y bañándose en pelota picada porque a ciertas edades rectificar es cosa prácticamente imposible y desaconsejable, además de ser algo completamente inofensivo. Sin embargo algunos comerciantes que se ganan la vida vendiendo tela, afirman que la gente está harta de ver tanta chicha y evidencia al aire, sofocante monotonía pura y dura, y están descubriendo ahora que un bañador es una prenda que puede ser elegante para darse un baño, insinuar, coquetear y hasta pasear y como la estética es el segundo valor en nuestra sociedad después del dinero y la moda ha de cambiar para seguir haciendo caja, ahí tenemos a un movimiento de modistos pro-bañador promocionando la idea de que “bañarse con bañador” es una opción de futuro, amén de progresista e innovador.

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