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Lunes, 28 agosto 2017

La Iglesia sinodal del tecer milenio

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La formación de los Seminarios en la Iglesia, siempre debe estar encarnada en la cultura, que consiste en caminar juntos, pero sin confusiones. La cultura es  realidad en cambios permanentes. El mundo, el hombre y Dios son las referencias necesarias para vivir con sentido. La experimentación científica y la racionalidad filosófica, no satisfacen plenamente al hombre, demandan trascendencia y conocimiento de salvación total del hombre, que no está en la ciencia y en la tecnología, en la economía ni en la política, en la libertad sin límites, contra el sentido común y contra los valores morales, que enquician al hombre y a la saciedad en la verdad y el bien. Esta es la lucha más común y permanente  que necesita esperanzas y victoria. La vida sinodal en la Iglesia  significa caminar juntos. Los caminos de la Iglesia son el hombre y el mundo, y los caminos del hombre son la historia y la Iglesia implicadas. La teología de la creación, de la redención y de la salvación desde Cristo, inducen a caminar unidos, animados por “el gozo del Evangelio “que permite  experimentar la belleza de vivir unidos gracias a los dones del Espíritu y al sentido de la fe,” la Iglesia es instancia crítica de la sociedad que  vive en  la tierra entre las  persecuciones del mundo y la consolaciones de Dios” La teología que anima a vivir  unidos con alegría y esperanza, tiene estas  peculiaridades:


1- La dimensión trinitaria y sacramental de la comunión. Por ella la Iglesia docente y discente viven juntas en la complejidad de los caminos del mundo, animados de una misma dignidad y compartiendo la misma misión, que parte de los dones del bautismo y culminan en la eucaristía. Formamos el Pueblo de Dios, que implica la presencia de Dios en la historia de la salvación. No hay identidad plena sin pertenecer a un pueblo. Nadie se salva solo y aislado, Dios nos atrae tomados  la compleja trama de relaciones interpersonales y entra en la dinámica popular. La Iglesia no es empresa que produce bienes y servicios. Es un misterio de comunión donde la santidad de unos enriquece a otros y los pecados personales y sociales manchan a todos. Esta Iglesia en camino, sabe que está animada por la verdad y la misericordia de Dios, donde cada uno aportamos algo a la Pasión de Cristo en el mundo desde la complejidad de las creencias.


    2 – La escucha de Dios es difícil hoy; pero el Pueblo de Dios se encarna en la catolicidad, desde las Iglesias diocesanas y locales, concreciones de la Iglesia universal, en la que Cristo está presente, bajo el cuidado de los obispos, que caminando juntos, van haciendo que cada Iglesia particular sea sujeto primario de evangelización. En la escucha y la consulta reciproca  todos tienen algo que decir y aprender. Si  la economía y la contaminación resultan para bien o para mal por nuestro comportamiento, en la Iglesia ocurre lo mismo espiritualmente para bien o para mal. Entender la Iglesia como misterio de comunión, conduce a sentirnos participes y responsables. La comunión de las Iglesias camina lentamente porque portamos un lastre de debilidades y pecados. Las diócesis no son una división administrativa cerrada, sino que deben estar abiertas para enriquecer al mundo con la alegría del Evangelio y la práctica de la caridad. El odio y la envidia se vencen con el amor frente a la violencia, Las estructuras de la Iglesia deben ser abiertas y amplias para facilitar el diálogo y la concordia, buscando juntos las soluciones. Hay que facilitar que los seglares se responsabilicen y que se escuchen las angustias de  los fieles, ofertando como remedio el amor y la misericordia de Dios.


    3 – Los obispos gobiernan las Diócesis en comunión mutua y con el sucesor de Pedro. El sínodo de  obispos con el Papa, las Conferencias Episcopales nacionales, el Colegio de los Cardenales, en conjunto tiene como finalidad, recoger el eco y las necesidades de los fieles, captar el eco de esa “circularidad” para promover y disponer  con responsabilidad, lo esencial  frente a las rutinas. 

 

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