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Miércoles, 30 agosto 2017

Refugiados fuera y vueltos España en 1936-39

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La primera iglesia incendiada en Madrid el 18 de Julio del 1936, fue la de San Andrés que ardió durante 8 días y también murieron cinco sacerdotes los primeros  que asesinados  dos días después. Y esto hizo que muchos huyeran a Francia y los que  llegaron o estaban en Italia no pudieron volver y fueron acogidos a través de un Comité creado por Pio XI en el Colegio Español, en el Palazzo Altemps, y de ello se encargó el Operario Diocesano Carmelo Blay, de valencia y agente de preces en Roma, quién atendió 226 refugiados, 4 obispos, 202 sacerdotes diocesanos, 10 religiosos escolapios, 8 seminaristas y 2 laicos de Acción Católica. Hubo además muchos lugares de acogida. Y el  Colegio Español acogió a un grupo numeroso de sacerdotes, gracias al interés del Papa quien le regaló un Breviario Romano a cada  uno. En el referido Colegio y en  otro lugar de verano, estuvieron D.Manuel Cañas Soria y Don Juan José Ruiz Fernández, de 20 y  18 años, de Chillarón y de Uclés, cursada la Teología, D. Manuel Cañas se ordenó y cantó misa en Roma  y comunicó la noticia a su familia en el verano del 1938. Texto:


“el matrimonio resultó bien, el novio vestido de blanco”y así pudo iniciar estudios Bíblicos. Con la paz  regresaron a España y fueron los dos formadores primeros en la Casa Kleyser y en el Seminario de San Julián reabierto el 1942, siendo Rector D. Trifón Beltrán,  Vicario General y alumno que fue  de los primeros colegiales romanos.
    

 

En la primera carta de  Blay a Montini en febrero del 1938, enviaba las cuentas con los gastos ocasionados por los refugiados sacerdotes, religiosas y religiosos españoles,  desde agosto del 1937; le comunica que varios  sacerdotes habían regresado ya a la zona no republicana; pero unos pocos sacerdotes y religiosas vivían gracias a la caridad  de algunas instituciones  italianas, y a cargo de la Santa Sede. Y en la segunda carta de Julio del 1938, excepto la repatriación de cuatro seminaristas que han terminado los estudios,  los retornos acontecen con normalidad excepto dos sacerdotes enfermos. El Colegio Español dio alojamiento y ayuda a seis seminaristas para libros, ropa y viajes  de retorno y también a a religiosas con la ayuda del consulado español.
    

 

Terminada la guerra en abril del 1939, el Delegado D..Carmelo Blay escribió a Mons.Montini, diciendo que muchas religiosas pedían volver a sus monasterios y el precio de cada billete era de 100 libras cada una, Italia concedía uno billete gratuito en tren hasta la frontera. En febrero del 1940 en su última carta sobre el tema, rendía cuentas de los gastos costeados por Roma y la Santa Sede ascendía a 200.000 liras en el Colegio Español para atender a los refugiados. Durante este tiempo D. Carmelo frecuentó su trato con cardenal Pacelli y con los Monseñores Tardini y Montini, y también atendió al Cardenal Vidal y  Barraquer, arzobispo de Tarragona, librado de los milicianos gracias a la intervención personal Company; retirado después en la Cartuja de Farneta durante la guerra de España,  mantuvo frecuentes contactos con el Vaticano.
    

 

En 1939 los seminaristas de Cuenca contemporáneos de D. Manuel y de D. Juan José Ruiz que estaban en Roma, aquí como soldados en uno u otro bando, tuvieron que terminar los estudios en Toledo y esperar un año más según del  Decreto “Redeuntibus” hasta poder ordenarse, también D. José Guerra Campos- obispo de Cuenca del 1973 al 1996-  movilizado en el bando nacional, desmovilizado luego fue enviado a estudiar a Roma  y después a Salamanca. En media España la persecución religiosa causó muchos miles de mártires, e incalculables destrozos en su patrimonio artístico; y a pesar de la escasez de posguerra, había una alegría y un clima de paz, convivencia y reconciliación. A la gloría de España como nación misionera y defensora de la Iglesia, la persecución religiosa nos ha hecho una referencia  mundial  en  la  gloria  inmarcesible del martirio. Esta es una lección que los seminaristas no  deben olvidar.

 

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