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Lunes, 28 agosto 2017

NO TINC POR. OTRA OPORTUNIDAD PERDIDA (Rafa Montilla)

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OPINIÓN | El Dia 0 Comentarios

Los independentistas de la Generalitat y la CUP, ignoran el dolor de las víctimas y sabotean la manifestación de repulsa por los atentados de Barcelona y Cambrils, al convertirla en un acto de propaganda hitleriana a favor de secesión del Estado Español.


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Manifestaciones para pedir que se acaben los atentados, las guerras, y mil cuestiones penosas se han llevado a cabo por todo el mundo, con mayor o menor presencia. El sábado 26 de agosto de 2017, se suponía que volvería a repetirse. La sociedad y autoridades españolas, con el Rey Felipe VI a la cabeza, por primera vez en nuestra historia, se reunirían en Barcelona para rendir homenaje a las 16 víctimas y casi el centenar de heridos de los últimos atentados en esta ciudad y en Cambrils. No recuerdo una representación institucional semejante en ninguna otra manifestación de repulsa contra el terrorismo y en apoyo de sus víctimas, pero lamentablemente al final todo ha quedado en aguas de borrajas.

 


En ocasiones, la vida nos pone ante situaciones imposibles de rehuir, aún a sabiendas de que nos encaminamos hacia una muerte segura. Por este motivo, Lord Cardigan, se lanzó el 25 de octubre de 1854, al mando de su batallón de caballería ligera durante la batalla de Balaclava, en la guerra de Crimea. Y de igual modo, los asistentes a la manifestación que no comulgan con el independentismo, los políticos de todo el arco parlamentario y las autoridades españolas, con el Rey a la cabeza, se dirigieron hacia la emboscada preparada por los separatistas catalanes, sin importarles que, entre sus filas, los propios traidores del derecho constitucional, marcharan como si estuvieran apenados por los atentados.

 


El engaño se preparó a conciencia por el ayuntamiento de Barcelona y la propia Generalitat de Cataluña bajo las directrices de la CUP. De este modo la convocatoria en apoyo a las víctimas dejó de tener sentido desde el mismo momento de su planificación. Impunemente, sin importarles las penas y el dolor causado en los atentados terroristas, han convertido a las 15 víctimas mortales y a casi el centenar de heridos, en improvisados mártires de la fabricación urgente de los imaginarios Països Catalans.

 


En esta absurda batalla ambos bandos han perdido. En realidad, todos los españoles hemos perdido. Los únicos vencedores, una vez más, han sido los terroristas yihadistas. Desde el mismo momento en que se enarboló la primera bandera, el primer cartel reivindicador, el primer grito fuera de contexto, o el primer discurso partidista, se estaba ignorando el verdadero objetivo de la manifestación, y la derrota estuvo servida.

 


Los catalanes con conciencia social no podrán ignorar la afrenta recibida desde sus propios dirigentes. De continuar las instituciones, municipales, comunitarias o nacionales, mirando hacia un futuro ficticio, por idílico que pueda parecer, en lugar de hacia las verdaderas necesidades de la población, tan solo la amargura continuará paseando por las Ramblas de Barcelona o las Playas de Cambrils. Pero al mismo tiempo, si el Estado español continúa contemplando las ideas separatistas como “pataletas catalanas para sacar más dinero”, seguirá siendo el soporte legal y financiero de la debacle territorial que se avecina.

 


La sabiduría popular suele decir que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Las víctimas de atentados terroristas, todas sin excepción, deben conocer la verdad de lo ocurrido desde el primer momento. No deben ser utilizadas como excusa o moneda de cambio en las luchas políticas de ningún partido o grupo de interés. Se les debe acompañar. Escucharlas. Atenderlas en sus necesidades. Y no necesitan falsas manifestaciones de dolor institucional, en las que no participan de buen grado.

 


Engañar a la población con máximas pueriles no mitiga el duelo ni el miedo. Se equivocará o engañará quien defienda que el peligro yihadista ha pasado. Muy al contrario, suelen reincidir. Se hace necesario pues, que afrentas y engaños, como las llevadas a cabo en esta manifestación, no se repitan nunca más en nuestro país. De una vez por todas, la población al completo debe aprender lo que verdaderamente significa convivir juntos y en paz. Que lo apliquen sinceramente en cada ocasión que tengan. Es la única fórmula mágica para caminar por el mismo sendero juntos.

 


En definitiva, que casi el medio millón de asistentes a la manifestación del pasado 26 de agosto, supuestamente en apoyo de las 16 víctimas mortales y casi un centenar de heridos, salvo escasas excepciones anónimas, han demostrado su insensibilidad y cinismo hacia las víctimas que deberían consolar. Aún menos se ha avanzado para el cese definitivo del terrorismo. De este modo, dicho acto podría ser calificado como una perfecta muestra de todo lo que NO se debería hacer para apoyar y consolar a una víctima de atentado terrorista. ¡Cuándo Aprenderemos a ser verdaderamente humanos!

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