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Domingo, 8 octubre 2017

El discernimiento espiritual en los seminarios

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

Es fundamental para asumir las normas del ministerio sacerdotal, purificando  las intenciones comunes y las exigencias correspondientes. Todo hombre normal tiene las posibilidades y circunstancias temporales, con todas las cualidades que enriquecen  personalmente su inteligencia y voluntad, y busca realizar lo que quiere ser en la vida para darle sentido y una motivación vocacional a su existencia. El cristiano está llamado a la conversión; salirse de si y llenarse de Dios; pero el sacerdocio entraña además una función específica: “obrar en persona de Cristo” y continuar su misión en el mundo. En teoría la persona tiene posibilidad de elegir su canino; pero  el discernimiento  espiritual cristiano, es un don del Espíritu Santo que señala a cada uno la vocación  cristiana, mediante la oración y la meditación. Y así el discernimiento espiritual que viene de Dios, puede  parecer locura y hasta superar los criterios humanos más comunes. Cada persona  normal que viene al mundo, tiene esa capacidad que procede de la inteligencia y la razón; pero el discernimiento espiritual es don espiritual, no de la “carne y sangre” (Jn.1,15) sino que procede del Espíritu Santo, se recibe en el bautismo y confiere los dones que  recibimos y debemos cultivar. Y esto es lo que diferencia a los cristianos,  capacitar para llamar a  Dios Padre, que les confiere  el conocimiento y la mentalidad  de  Cristo. El Espíritu infundido en nosotros  tiene cono fruto el discernir y captar en la humanidad de Cristo, la imagen del Dios invisible. Él nos permite discernir en la carne  frágil y mortal al Hijo de Dios, velado en las Escrituras; discernimiento que es posible a los humildes y pequeños ( Mt. 1125 y Lc. 10,21)

 


 Ese discernimiento tiene unas bases teológicas. Si el discernir es un arte valioso  humanamente, el discernimiento espiritual es un don del Espíritu que actúa en nosotros, Cada persona tiene las facultades humanas que deben colaborar. Él, actúa a través de las facultades intelectuales nuestras, así los creyentes reciben y reconocen ese don. Y para eso hay que ejercitarse en ver, escuchar y pensar. Atención y vigilancia son las virtudes que nos permiten entrar en el conocimiento de la realidad, de los acontecimientos  y de las  personas,  Y todo esto es fundamental para la madurez humanas y para la actividad psicológica; pero en el creyente, a la luz de Cristo hay una sintonía entre las facultades personales y el Espíritu Santo; y desde esas realidades la inteligencia interpreta y reconoce el significado de lo que oímos y leemos. En los creyentes esta actividad, ya desarrollada dentro de una conciencia clara, prevalece la primacía de Palabra de Dios,. Si a través de la  Palabra aconteció la creación y por ella  Dios se ha revelado a nosotros (Jn,1,14) y es compañera inseparable del Espíritu, que debe presidir el discernimiento Quien se compromete a discernir espiritualmente, debe convertirse  en un  asiduo oyente de  la Palabra que es Cristo. Pero es necesario ser conscientes  de que la Palabra debe ser viva y operante, leyéndola y conservándola  en el corazón.

 


Gracias al ejercicio de las facultades intelectuales y a  la escucha de la Palabra se adquiere un sentido espiritual, que nace en la conciencia y de lo profundo del corazón, convirtiéndose en acogida de una inspiración, y de una interioridad, que sabe descubrir  la presencia de Dios y las manifestaciones de su voluntad. “Tened los sentimientos de Cristo”(Flp. 2,5) y “la mente del Señor” (I Cr, 2,16) Así se vive en una super-conciencia que sintoniza con  Cristo, inspirada y tomada por Él, buscando el bien y lo que agrada a Dios. La vida nos sorprende con los acontecimientos, tentaciones y peligros inesperados

 


Los alumnos de los Seminarios deben ser compasivos y comprensivos, discernir bien su vocación de servicio y disponibilidad, para comunicar el saber humano y atentos siempre, guiándose  por los sentimientos de Cristo, cultivados en la interioridad y en las ocasiones  de bien, frente a  situaciones adversas que a todos nos sorprenden en la vida

 

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