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Martes, 7 noviembre 2017
Opinión

DE CARME A CARMEN (Por C.Moral)

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OPINIÓN - ELDIAdigital.es | C.Moral 0 Comentarios

Un razonamiento solo puede batirse con otro similar a él en el ring de lucha. La igualdad de su naturaleza debería ser condición sine qua non para empezar el combate. Sin embargo, desde la retórica clásica, se acepta como fundamental al “pathos”, que consiste en emplear recursos destinados a emocionar al espectador y lograr su adhesión. Mi opinión es que las pasiones constituyen elementos irracionales que obstaculizan la acción de la razón y degradan un discurso argumentativo.

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Dicho esto, cabe apuntar que en los debates que estos días copan los espacios televisivos para abordar la situación en Cataluña predomina la razón sobre la emoción, si bien los intentos de racionalizar un deseo terminan en frustración. ¿Cómo justificar la desobediencia de las leyes que ponen orden en un país democrático? El discurso independentista está repleto de incoherencias, voluntades disfrazadas de razones que lo único que consiguen es hacer demagogia. 

 


Lo mismo ocurre fuera de los platós porque, si algo ha conseguido el “procés”, ha sido romper vínculos entre personas. Hablar de nacionalismo separatista no es hablar de sanidad porque en el primero intervienen las sensibilidades, las vivencias personales, la emoción, mientras que en el segundo suele mandar el interés general. Así, muchos de los que se han atrevido a jugar con fuego se han acabado quemando y la consecuencia más inmediata ha sido la ruptura. 

 


Durante muchos años, fui Carme sin que nadie me preguntara mi nombre y ahora que, en la distancia, mi osadía cruza la línea para dejar de ser mayoría silenciada, pierdo amistades, si se puede llamar así a alguien que te juzga por sus ideas. En aquel tiempo aguanté lo inaguantable. ¿Adoctrinamiento? No podría llamar así a algo que traspasó los muros de la educación y alcanzó todos los ámbitos de la sociedad. Y ahora que me atrevo a ser libre, pierdo a las personas con las que supe convivir y respetar pese a repudiar sus valores de intolerancia y discriminación. Pueden llamarme facha, pero han sido ellos quienes no han tolerado que piense distinto. ¿Cómo llamamos a eso? 

 


Hace unos días, un conocido me lanzaba un tuit para corregirme: “Carme, no se escribe Cataluña, sino Catalunya”, decía. Hablaba su euforia por la declaración de independencia. Y, como suele suceder, el radicalismo llamó al radicalismo. Mi respuesta fue: Carmen. 

   

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