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Miércoles, 29 noviembre 2017
Opinión

LA MENTIRA. Por C. Moral

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OPINIÓN - ELDIAdigital.es | C.Moral 0 Comentarios

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El ‘Ojo de Halcón’ no solo debería aplicarse al fútbol, sino a la vida real. Imaginemos cómo sería la posibilidad de visualizar el terreno de juego en el que nos movemos y detectar inmediatamente las jugadas de gol fantasma, las mentiras, los actos de bajeza humana. Tener un juez que sentenciara las acciones diarias seguramente cambiaría actitudes. Seguramente nadie se atrevería a cuestionar que la verdad es siempre mejor y más digna que la mentira. Por ello nos indignamos cuando descubrimos la mentira en un amigo, un compañero de trabajo o un político. Sin embargo, el adulto elige mentir para proteger sus propios intereses. Los expertos distinguen entre dos tipos de mentiras. En cualquier caso, tanto la ocultación de la verdad como la creación de una historia falsa para engañar deberían estar penadas en el ámbito moral y de la conciencia del autor, siempre que no sean para buscar el beneficio de algo o alguien. 

 


Hace tiempo que el mundo del deporte se entremezcla con el de la vida real y, con la política, en particular. Hace tiempo que vislumbramos a deportistas y políticos taparse la boca al hablar sin ningún tipo de pudor. Parece que sus madres olvidaron aleccionarles sobre la mala educación. Yo me pregunto, ¿qué temen quienes adoptan esa mala costumbre? Hace ya demasiados años que existe la libertad de expresión como para temer represalias por verbalizar una opinión. Sin embargo, el poder de opinar que la tecnología otorga a las masas se convierte en un arma de doble filo para quien se expone a su juicio. Por ello se tapan las bocas. 

 


Es una constante los políticos nos tengan acostumbrados a la mentira y que no se cumplan los programas electorales. El problema es que la ciudadanía lo ha normalizado de tal forma que esas mentiras no encuentran ningún tipo de repercusión. Cuando un político miente no pasa nada. Las encuestas reflejan una evidente decepción ciudadana por la falta de honestidad política y, a pesar de ello, se demuestra que la credibilidad del político mentiroso no decrece cuando vuelve a recibir apoyo en las urnas. Políticos de todos los colores políticos ejercen la corrupción. Lo hacen en pequeños ayuntamientos, en gobiernos autonómicos y a nivel nacional. No obstante, queda demostrado que mentir no resta votos, sino que puede llegar a sumar. Ni siquiera las hemerotecas ejercen el papel que deberían y el incumplimiento de una promesa electoral no se traduce nunca en la dimisión del ejecutor. 

 


En este contexto, los medios de comunicación han abandonado su función de control del poder para ser meros transmisores. No mentía Orwell cuando decía aquello de que ‘noticia es lo que alguien quiere ocultar y el resto se llama propaganda’. 

 


Dicen los expertos que ‘el mentiroso siempre alberga miedo a que la verdad se sepa, a ser menos que los demás, a no conseguir un objetivo profesional, a perder la confianza de los suyos, a que no les quieran, a que no les respeten, a perder o a no ganar algo’ y, con todo, el político transparente no suma en votos, mientras que el ruido y el robo sí lo hacen. 

 


Recomendación literaria. El arte de la mentira política, de John Arbuthnot.

 

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