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Miércoles, 6 diciembre 2017

LOS SEMINARIOS DIOCESANOS DE NUESTRO SIGLO (Vicente Langreo)

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Son instituciones dedicadas a la formación del clero secular, con más de cuatro siglos de experiencia, que han cumplido su función en tiempos difíciles y en épocas de bonanza. Nuestra época tiene sus propias dificultades, la religión esta cuestionada por la secularización y por unas corrientes  con ideales y valores que no están en coherencia con los criterios y exigencias del Evangelio. El s. XX tuvo un anticlericalismo que llevó a muchos sacerdotes al martirio; hubo después una reacción que  llenó los Seminarios y siguió la  abundancia de sacerdotes. Hoy la escasez de vocaciones es grande y tenemos un clero escaso y envejecido. Pero la Iglesia no fracasará y los signos y necesidades de nuestro tiempo  ayudarán a buscar soluciones. La Iglesia está en reforma  permanente y ésta no se realiza  con un aire mundano ni con rebajas o renuncias de ideales y valores que vienen del Espíritu Santo. Los Seminarios están hoy intelectual y académicamente, vinculados a Universidades y Facultades Eclesiásticas, son instituciones de enseñanza superior y con una duración mínima de seis años, después del bachillerato.

 


Como centros de formación  humana, intelectual y religiosa, los Seminarios son internados y con una vida reglamentada, el curso dura nueve meses, con vacaciones en  familia en la Navidad y Semana Santa; los sábados por la mañana y el domingo son para descansar y realizar alguna actividad catequética en parroquias de la ciudad. La jornada normal comienza a las 7, siguen los Laudes, meditación y la Eucaristía en la Capilla,  donde como en Cuenca, vivieron  más de 120 sacerdotes martirizados en 1936. Por la tarde Vísperas y Rosario; es lugar donde se templa el espíritu cada día. Siguen las clases  por la mañana, la comida a las 14 horas y la tarde  para estudiar, Las salidas deben ser con permiso del Rector o de un formador. La limpieza de las habitaciones y de la ropa personal la hacen los alumnos, disponen de lavadoras comunes. Hay también salas de recreo con TV, de ordenadores y de música. La convivencia  así es fraternal, comunitaria y  se aprende a vivir solos. Los Seminarios son como monasterios, abiertos a la familia y a sociedad. Tener en un mismo lugar el espacio y el tempo para  cuidar el cuerpo, desarrollar la inteligencia y cultivar el espíritu  permite adquirir hábitos para  ejercer el ministerio, con tiempos y espacios para Dios.

 


Los sacerdotes para esta sociedad cambiante, deben ser buscadores de la verdad,  la caridad y de la identificación con Cristo; y saber adaptarse a la realidad. Hoy no hay ejércitos de millones de soldados, sino de unidades más pequeñas, coordinadas y más eficaces. No es igual  una campaña temporal, que seguir en la lucha habitual y toda una vida, en sociedades abiertas y plurales. La formación  del sacerdotal debe abarcar la totalidad de la persona, la dimensión espiritual e intelectual y cuidar la fraternidad. Es función de los Seminarios valorar la cultura y la información de hoy, pero esquivando los peligros de tanto conocimiento inútil y de la mentira. Los Seminarios no han sido masivos nunca, hoy están demasiado reducidos, llevando a pensar en interdiocesanos por necesidad.  Su función es valiosa: oferta una opción, cultiva a unos hombres  hasta hacer de su vida una dedicación para obrar “en persona de Cristo” sirviendo a la Iglesia, y ungidos por el sacramento del Orden  Sacerdotal, en el tempo y en la eternidad.

 


A cada persona le llega el deseo de buscar profesión o estado y siempre entre posibilidades y obstáculos A los Seminarios menores llegan jóvenes  sin plantearse aún qué quieren ser, pasan a  Seminarios mayores y con dudas. En tales centros se realiza una siembra el ideal del sacerdocio, como dedicación poco lucrativa y exigente en esta sociedad abierta e indiferente, atraída por los valores lucrativos y efímeros. La lucha se inicia cuando en ellos se descubre el valor de seguir ministerialmente a Cristo, hasta obrar en su nombre. Acompañar, y discernir la voluntad de Dios, genera alegría, paz y felicidad llenando de Dios y testificando  toda una.

 

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