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Jueves, 28 diciembre 2017

TABARNIA, UNA BOFETADA A LA POLÍTICA NACIONAL E INDEPENDENTISTA (Por Rafael Montilla)

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OPINIÓN | El Dia 0 Comentarios

Pensar en una Barcelona y Tarragona independizadas de Cataluña puede parecer una inocentada navideña. Sin embargo, en los últimos meses se ha convertido en la peor pesadilla del separatismo catalán y en un escarnio para los políticos nacionales y el Gobierno Central.

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Cuando en el año 2012 la plataforma cívica “Barcelona is not Catalonia” hizo público su manifiesto “Rubricatum”, por un trato justo para Barcelona en el reparto de la recaudación económica de la Comunidad Autónoma, nadie se hizo eco de sus reivindicaciones. Según manifiesta la propia plataforma “Los medios de comunicación catalanes, tanto públicos como privados, ignoraron por completo tanto el manifiesto como la primera asamblea”, celebrada el día 24 de septiembre del año 2012. Por el contrario, una nueva idea comenzó a fraguarse entre las filas del BcnINC. La solución para Barcelona pasaría por la creación de una nueva Comunidad Autónoma, que incluiría también a Tarragona, dentro del marco constitucional español, y que se denominaría Tabarnia.

 

Cinco años después, y a tenor del referéndum ilegal del día 1 de octubre de este año, así como por los resultados de las elecciones autonómicas del pasado día 21 de diciembre, la idea de Tabarnia pasó de ser una broma, o una inocentada navideña, y para muchos barceloneses artos de las políticas independentistas de los sucesivos gobiernos catalanes, que están provocando la continua huida de empresas de la comunidad autónoma, se está convirtiendo en una propuesta con futuro. Como ejemplo, en el momento de escribir este artículo, los apoyos reseñados en Change.org para esta iniciativa se acercaba a las 200.000 firmas.

 

Dentro del ámbito independentista catalán, las propuestas “tabarnianas” han levantado ampollas pues se basan en los mismos principios engañosos utilizados por los primeros para justificar su secesión de España. La Invención de la historia a su beneficio; que España, o Cataluña en este caso, roba a los habitantes de Cataluña; y principalmente, la utilización de la machacona idea del “derecho a decidir” (a conveniencia de unos pocos políticos, que no para la población), se han convertido en la punta de lanza contra el independentismo, como ya ocurriera en Canadá con el caso de Quebec.

 

¿Dónde termina el derecho a decidir y quién traza la línea divisoria?

 

A diferencia de la proclamación de la República Independiente del Balcón de Balmes, o la iniciativa similar aparecida en Córdoba, hace un par de meses, con tintes claramente humorísticos, el caso Tabarnia, aunque siga la misma línea, ha provocado mucho miedo entre las filas de los partidos políticos independentistas catalanes porque, a diferencia de ellos, la propuesta tabarniana se escuda en los artículos 143 y 144 de la actual Constitución Española de 1978, que regula la creación de nuevas comunidades autónomas dentro del Estado Español. Como ha manifestado Juan Carlos Girauta, del partido Ciudadanos, “es un despiadado espejo para los nacionalistas… España es indivisible, pero si algún día fueran mayoría los del referéndum de independencia, la idea de Tabarnia, nos salvará.”

 

En realidad, al margen de las sonrisas que puede provocar la contemplación de una Cataluña dividida, el hecho trascendente se encuentra de nuevo en la separación real existente entre la visión de nuestra sociedad para los políticos españoles y el resto de la población. Esa clase privilegiada que vive aburrida con nuestros presupuestos, los políticos de nuestro país. Quienes ven peligrar su estatus de poder con cualquier iniciativa de la ciudadanía, por absurda que sea, suelen reaccionar con aspavientos lingüísticos, cuando no, con acciones violentas o modificaciones legislativas contra la libertad de expresión y de convivencia de la población en general, véase, la nueva propuesta de modificación de la Constitución, sin saber hacia dónde llevarla.

 

La clase política española ha ido degradándose a lo largo de los últimos veinte o treinta años, y lamentablemente, la tendencia futura no parece que vaya a mejorar. Estamos siendo gobernados por iluminados de causas perdidas. Creadores de sueños para una población que ha sido alimentada a base de odio hacia el prójimo, con visiones localistas de paraísos mediáticos virtuales de televisión o internet. Incluso se han atrevido a convertir causas problemáticas, como es el caso de la violencia de género, en herramientas de negocio económico bajo el manto de preocupaciones sociales. Así no es de extrañar que, a pesar de los miles de millones de euros invertidos en los últimos años, el resultado siga siendo negativo para las víctimas.

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