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Lunes, 1 enero 2018
Opinión

NO ESTAMOS SOLOS EN EL MUNDO. Por Vicente Langreo

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

La ciencia y la vida aportan unas experiencias de siglos y de las maravillas del mundo donde vivimos, entre tantas afirmaciones contradictorias y discutibles, sobre las  dos grandes realidades que orientan y encaminan nuestras vidas: La historia espiritual del occidente cristiano ha alumbrado fuentes que dan sentido a la vida, nos permiten existir en libertad y con dignidad; y también poder encontrarnos con nosotros mismos y reconstruir la relación con el prójimo, a pesar de complejidad de las culturas y de la ultimidad que nos atrae y nos asusta. El nacimiento de Jesús es un hecho histórico trascendente que no ha podido ser borrado tras de tantas persecuciones sangrientas, políticas e intelectuales. El mismo Dios, que nos da a su Hijo vulnerable y condicionado por nuestra libertad, con su nacimiento comparte nuestra debilidad, fundamenta la   esperanza y despeja la sombra de nuestra soledad.

 

Muchos siguen negando a Dios, ante las sombras  y  las perturbaciones personales que sobre vienen al hombre, como si de verdad él y el mundo no estuvieran  habitados por una presencia real de Dios. Nuestro origen está en su querer. Existimos porque Dios nos ha querido en doble sentido de la palabra querer, decidir y amar. No somos huérfanos. Este es el drama del ateismo de todos los tiempos La Navidad  no es la mitología del  Sol naciente  original de todo. Es la proclamación de la verdad histórica más importante; el Hijo de Dios se hace  hombre para que éste sea hijo de Dios por adopción. La compañía de Dios con los mortales es la respuesta del cristianismo a las preguntas fundamentales de todos los tiempos, que induce a una respuesta consoladora  y significado de la Navidad: No estamos solos aquí.

 


Según la sabiduría acumulada por la experiencia,  las personas somos distintas y necesitamos para nuestro desarrollo normal, cuatro referencias esenciales: ser acogidas con amor, introducirnos  en una cultura con usos y costumbres buenas, y el aplicarnos y ejercitar un trabajo útil y ético, y tener alguna creencia religiosa; ya que la religión es como la argamasa de las culturas para poder subsistir. La religión cristiana entraña una libertad para hacer el bien, amar a Dios y al prójimo, y colaborar al bien común, pues somos seres sociales y nos necesitamos.

 

La cultura actual tan aceleradamente extendida, rivaliza con las Escuelas y las Universidades, desde las comunicaciones y las redes sociales. Existe el peligro de caer una cultura sin verdad, de exaltar una  tecnología sin ética y sin humanismo, devaluando al hombre y negándole la vinculación teológica como realidad fundamento. Es real el peligro de una contracultura que niega la verdad. ¿Qué importa comunicarnos simultáneamente con todos y por todas partes, si no somos capaces de promover una convivencia que acreciente los bienes y remedie los  males?. Las instituciones permanentes, las Escuelas y las Universidades, deben tener el coraje de ilustrar las inteligencias y armonizar la economía, la política y la cultura Ante las grandiosas obras tecnológicas y los  degradantes retrocesos morales. Siempre es posible el cambio. “Dios saca de los males bines” y  llama a la conversión  y a la salvación.

 


Por encima de tantas instituciones humanas: como los imperios, las naciones, los bancos, fábricas y avances tecnológicos, está la familia como obra permanente  de Dios al servicio del hombre y a plena gratuidad. Todos los avances científico-tecnológicos de la historia humana, tienen sus cometidos y no son comparables. Pero desde los orígenes del hombre y desde el nacimiento del Hijo de Dios, la Iglesia ha visto en la familia a la iglesia doméstica que ayuda al hombre, con tres funciones insustituibles: la acogida afectiva de niños, el acompañamiento durante la preadolescencia y la curación  frente a los primeros fracasos de la vida. Pablo VI señaló las tres lecciones que da la Sagrada Familia: silencio y oración frente a vaciedad, el trabajo como fruto de la persona y la intimidad  familiar, frente a las rupturas  y violencias. 

 

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