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Jueves, 4 enero 2018
Historia

Reyes Magos, mito o realidad

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REPORTAJES | Rafael Montilla 0 Comentarios

Imaginar una Navidad sin las figuras de los tres bonachones Reyes Magos, los “magusàioi” mesopotámicos, con los ilusionados niños a su alrededor, se hace imposible para el mundo católico. Sin embargo, estos tres personajes, son todo un misterio en sí mismos. A lo largo de la historia han evolucionado, desde su místico y enigmático origen, adaptándose a cada momento histórico y han superado los ataques que, desde todos los ámbitos imaginables, tanto religiosos como políticos, se han vertido contra su figura y significado.

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Sobre el Origen Místico e Histórico de los “Magos”


Los “magusàioi” eran adivinos y astrólogos, de origen caldeo, es decir, del área sirio-mesopotámica, practicaban la antigua ciencia de los Magû, tribu seguidora de Zaratrusta, que reunía las prácticas de la magia, la astrología y la adivinanza en el mundo persa. Su posible origen de este país estaría refrendado por varios documentos de la época del emperador romano Constantino y una carta sinodal del Concilio de Jerusalén (año 836), en la que se dice que “cuando en el año 614 los ejércitos persas destruyeron todos los santuarios cristianos de Palestina, respetaron la Basílica de la Natividad de Belén, porque al ver el mosaico del frontispicio que representaba la Adoración de los Reyes Magos, los consideraron por su indumentaria compatriotas suyos.

 

Estos “Magos de Oriente” son personajes citados en la Biblia, en el Nuevo Testamento. Es poco lo que realmente se sabe de ellos. Se ignora cuantos eran realmente y de qué tierras procedían. De hecho, la única referencia escrita contemporánea es la breve reseña del Evangelio de Mateo: “Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? (2,1-2) …Y al entrar en la “casa”, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes, oro, incienso y mirra.” (2:11). El texto fue escrito presumiblemente en arameo, y no se conserva, pero existe una copia en griego. De estas escasas palabras, algunos autores defienden que Mateo señala que eran astrónomos, con conocimientos precisos del movimiento de las estrellas. Otro misterio que acompaña siempre a los Reyes Magos y el Nacimiento de Jesús. 

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Quizás la primera referencia histórica podría encontrarse en su visita al rey Herodes (2:3). Quien a pesar de ser anciano y de haber reinado ya por más de treinta años, les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías (2:8) con el fin de acabar con su potencial sucesor. Los sabios, que no sospechan esto, encuentran al Niño, le adoran y obsequian con los presentes conocidos (2:11), pero prevenidos por un ángel (2:12), no regresan con Herodes. Iracundo, el rey manda matar a los niños menores de dos años, los inocentes, dando origen, con el tiempo, a la costumbre de realizar “inocentadas” el día 28 de diciembre, además de señalar el tiempo transcurrido entre la primera visita y el nacimiento.

 

Otros estudiosos ven en los Magos a los tres hijos de Noé, que representaban las tres partes principales de la Tierra, así Melchor sería Europa, por las diversas estrellas que lleva; Gaspar, Asia, ya que porta un escudo con una estrella y una media luna; y Baltasar, representaría a África, por el color negro representado en su blasón.

 

 

Origen Religioso de la Fiesta de Natividad


Las primeras referencias sobre la fiesta de la Epifanía se remontan al siglo II dC, teniendo estas un carácter muy formal a diferencia de lo conocido actualmente. Según defendía en el reportaje “La Navidad, entre el Paganismo y el Cristianismo”, 2017, la festividad de la Navidad la instauró el emperador romano Constantino, en el año 337 dC, por influencia del Papa Julio I, y de los religiosos San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno, aunque la celebración oficial de la Natividad del Niño-Dios Jesús, no se daría hasta el año 379 dC. Sin embargo, en aquellos primeros momentos, los Reyes Magos, no pasaban de ser unos personajes sin apenas importancia fuera de la austeridad litúrgica.

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La festividad como tal de los Reyes Magos, o Epifanía, no se conmemoró de manera multitudinaria hasta el siglo V en Occidente, por influencia de las celebraciones tradicionales orientales y norteafricanas. Solo a partir del siglo XVIII, tomará carácter netamente infantil, en competición con la tradición de San Nicolás, de los países nórdicos y anglosajones, principalmente. Las características representaciones teatrales sobre los reyes magos se iniciaron en el siglo XIII, celebrándose el mismo día de la epifanía. Por otro lado, los Reyes Magos no trajeron juguetes hasta mediados del siglo XIX; con anterioridad, sus regalos consistían en elementos útiles para la vida cotidiana,  como alimentos, ropa, calzado, madera, o carbón, transformado en la actualidad en la golosina de carbón actual, como medida de presión educativa y social.

 

En realidad, la costumbre de hacer regalos nos viene heredada del neolítico, con ciertos matices singulares de las fiestas del culto solsticial. Cada regalo era ofrecido a cambio de otro. En caso contrario, la persona que lo recibía podía tener malos augurios para el futuro. En un principio, la Iglesia se opuso a mantener estas costumbres, pero al no poder desterrarla, fue utilizada para integrar la festividad de “las Estrenas” de la Roma imperial, en la liturgia católica. Así en los primeros tiempos de su implantación, fue el niño Jesús quien ofrecía los regalos, con posterioridad evolucionó y se le asignó este papel a los Reyes Magos, distribuyendo los dones sagrados, que debían nacer del corazón, como dádivas generosas. En la actualidad, el intercambio de obsequios estrecha lazos afectivos entre familiares y amigos, adoptando infinidad de motivaciones sociales.

 

 

¿Nombres de los “Magusàioi”?


Se trata de otra cuestión interesante pues el Evangelio de Marcos no da ninguna pista, por lo que sería la tradición popular y eclesiástica quienes se encargaron de asignárselos.  La decisión final sobre sus nombres no se establecería oficialmente hasta el siglo IX, después de hacerse infinidad de conjeturas, incluida la conjunción de los planetas, Júpiter y Saturno a su paso por piscis, para dar una explicación a la veracidad de la estrella roja que guio a los Reyes Mayos, y por extensión a ellos mismos. 

 

La primera referencia que se conserva sobre los actuales nombres se encuentra en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). En ella se encuentra un friso decorado con mosaicos a mediados del siglo VI. Representa la procesión de las Vírgenes, que son conducidas por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se pueden leerse los tres nombres, Melchor, Gaspar, Baltasar. Un siglo después, se habías establecido otras denominaciones, como las conservadas en un manuscrito anónimo guardado en la Biblioteca Nacional de París, en la que se habla de Melchior, Castapa y Bithisarea.  Estos mismos nombres los registra el historiador Agnello en Pontificalis Ecclesia Ravenantis, en el S-IX.

 

Otras denominaciones que recibieron a lo largo de las serían: Apellicon, Amerim y Serakin, para los griegos. Entre los sirios, serían conocidos como  Kagpha, Badalilma y Badadakharida; y para los etíopes, Ator, Sater y Paratoras.

 

 

Instauración como Reyes

 

Durante el siglo XVI las necesidades de la Iglesia Católica llevaron a identificar los tres reyes con los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet que, según el Antiguo Testamento, representaban las tres razas que poblaron el mundo. Así, Melchor, Melchan, o Melchiar representaría a los europeos descendientes de Jafet, ofreciéndose al Niño-Dios, oro, como símbolo de su realeza. Leyendas tardías identifican a Melchor como rey de Nubia y de Arabia. Gaspar o Jaspar, representaría a los semitas de Asia descendientes de Sem. Ofreció incienso como símbolo de su divinidad o de su sacrificio, dependiendo del origen de la leyenda. Las leyendas tardías le sitúan como Rey de Tharsys y de Egriseula. Balthasar o Baltasar, representaría a los hijos de Cam, los africanos de tez negra y barbados en África. Ofreció mirra como símbolo de su futura pasión y resurrección, aunque en algunos lugares era una representación funeraria como signo de la fragilidad humana. Las leyendas tardías le sitúan como rey de Godolia y de Saba.

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¿Realmente eran Tres los Magos?


Esta es otro de los misterios que más investigaciones históricas y religiosas ha provocado. En el evangelio de Mateo únicamente se menciona que “unos magos vinieron de oriente a Jerusalén…” (Mateo 2:11). Sin embargo, las representaciones posteriores interpretaron esta cita añadiendo personajes según unas tradiciones que no han podido ser confirmadas por los registros históricos o arqueológicos.

 

Según estas tradiciones, en el S-III se les comenzó a representar como “dos” magos en un fresco del cementerio de San Pedro y San Marcelino de Roma. En un sarcófago conservado en el museo pontificio de antigüedades cristianas de Letrán en Roma, aparecen “tres”; y “cuatro” en una estela que se encuentra en el cementerio de Santa Domitila, también en Roma. Durante el primer cuarto de este siglo tercero, el escritor eclesiástico griego Orígenes (185-254), por analogía con los dones que ofrecieron, afirmó que los magos sólo podían ser “tres”.

 

Durante el S-IV, aparecían “dos” o “cuatro” magos en las representaciones que aún se conservan de las catacumbas romanas. En el museo Kircheriano de Roma, se conserva un vaso en el que aparecen representadas “ocho” figuras identificadas por algunos autores como los Magos de Oriente. Tradiciones orales y eclesiásticas sirias y armenias defendían que fueran “doce”, en representación de los doce apóstoles o a las doce tribus de Israel, según los casos. El Libro de “la Caverna de los Tesoros” es un escrito del siglo VI que busca establecer las genealogías de los patriarcas bíblicos y de los reyes de Israel y de Judá a fin de probar que Jesucristo desciende de Adán.  Según este, “doce magos” eran encargados de acechar el cielo para descubrir la señal esperada. Para ello debían subir cada año al monte Nud y rezar allí por tres días observando el firmamento. Así fue como un día vieron la estrella que les indicó que el momento había llegado, tomaron entonces los presentes y emprendieron el viaje hacia Palestina. Pero la tradición más curiosa de todas se encuentra en los registros de la Iglesia Copta de Egipto, que los eleva a “sesenta”, conservándose aún, una docena de sus nombres. 

 

 

Epílogo


El día de Reyes, representa el final del ciclo de celebraciones navideñas. Incluían el culto a los antepasados muertos en las tradiciones precristianas y, en suma, conmemoran el eterno renacimiento de la vida en el tránsito desde el invierno a la primavera. Cada año nuevo se "repite siempre el acto cosmogónico por lo que los ‘doce días’ que separan Navidad de la Epifanía, se consideran todavía en la actualidad como una prefiguración de los doce meses del año". (Eliade, 1991:191/2).  

 

Dependiendo de los países, los regalos serán depositados por los Reyes Magos, Papa Noel o el propio Niño Jesús. Pero en todos los casos, dentro del ámbito católico, el origen de los presentes o regalos, tienen como antecedentes la historia de los Reyes Magos y la recolecta del aguinaldo. Sin embargo, la tradición de los Reyes Magos como generosos proveedores de juguetes a los niños es relativamente reciente, de mediados del siglo XIX, evolucionando desde el regalo de productos necesarios para la vida, y no tanto como juguetes lúdicos. 

 

En cuanto a sus funciones, Gaspar era el encargado de repartir los regalos eminentemente infantiles, como juguetes, golosinas, miel y frutos fresco; Melchor se decantaba por los regalos de carácter práctico, siendo su fuerte la ropa o los zapatos; por último, a Baltasar le toca en la actualidad la misión más desagradable, al tener que ocuparse de castigar a los niños traviesos, dejándoles golosinas de carbón. En la antigüedad, se encargaba de proporcionar los elementos más necesarios para la vida, como leña o carbón para el fuego, así como herramientas de labor. Cuestión ésta que fue utilizada por los primeros racistas y anti-racistas para justificar sus posturas. Ambos movimientos se encuentran equivocados, y tan sólo demuestran su ignorancia, pues como hemos visto, el color de Baltasar nada tiene que ver con el racismo, sino con la heráldica y con el mantenimiento de la tradición agrícola.

 

Para Giovanni Di Hildesheim., en su obra "La Storia dei Re Magi" (Florencia, 1966), “la historia, que había sido compuesta por un sinfín de datos más o menos contrastados, fue finalmente escrita entre 1364 y 1374 por Juan de Hidelsheim, prior carmelita alemán en la Historia Trium Regum, basada en la Historia Scholastica de Pedro Comestore y escrita durante el siglo XI”. 

 

A pesar de todos los cambios sociales, revoluciones y menosprecios recibidos, los Reyes Magos, impertérritos, mantienen las tradicionales e ilusiones, sobre todo para los más pequeños.  Mientras tanto, sus adversarios se ven obligados a aceptarlos, aunque sea con adaptaciones partidistas y ridículas, que tan sólo evidencian las carencias culturales y morales de sus atacantes, como vemos estos días con algunos gobiernos municipales y grupos de presión, que actúan más desde posturas dictatoriales, en contra de la opinión mayoritaria de la población, en lugar de proteger el acervo cultural de los ciudadanos que gobiernan.

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