
Si al final hacen lo que dicen, van a reformar la Constitución sin encomendarse a nadie. A mí me gustaría que a la Primera Ley del Estado se le lavara la cara con buen jabón de olor, quitándole aquellas cosas que por su anacronismo no tienen sentido en nuestro tiempo; qué quieres que te diga, muchas cosas. Sé que no es posible porque tenemos bastantes políticos sin sangre en las venas, estómagos agradecidos, incapaces de cuestionar absolutamente nada que no sea una razonable subida de ingresos para sí o lo suyo. Pero me gustaría. Claro, que si eso no es posible pues que nos pregunten a los españoles, no a la Frau Merkel ni al chiquitín de Monsieur Sarkozy. O sea, carahuevo, que #yotambienquierovotar; te aviso que diré NO al techo de gasto que se han sacado, como buenos hermanos, los míos y los otros de la punta... como votaría que NO a una docena de artículos ya en vigor que solo de verlos me ponen «los pelos de gallina». Por qué no, se preguntará Vd. con su preclara inteligencia. Porque no, no me apetece ponerle puertas al campo donde vivirá mi nieto, leches.
Quizá,
si lees a un político pedáneo que nos ha salido en Cuenca, me veas desleal y
rojo. Lo de rojo por el sol, que me ha quemado el careto; desleal, desde luego,
si esa palabra maltratada significa considerar que mi persona es inferior a cualquiera
otra o, mismamente, a las propias instituciones públicas de las que el pavo ese
de mi pueblo ha sacado tajada, buena tajada para sus escasos méritos.
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