Julita Zaragoza es una villacañera de 82 años que ha dedicado parte de su vida a ayudar a los más necesitados al frente de Cáritas durante treinta años. Ahora, después de tres décadas dirigiendo deja su cargo y cede el testigo a otro compañero aunque Julita, seguirá colaborando como una voluntaria más. A lo largo de estos años, con esfuerzo, sacrificio y el apoyo incondicional de voluntarios y el pueblo de Villacañas Julita ha logrado numerosas mejoras en el Comedor de Caridad hoy llamado Hogar San José. Ella nos lo cuenta en una entrevista.
—Julita, ¿cuándo comenzó su labor solidaria en el albergue o comedor de caridad?—Yo he vivido siempre en una casa en frente del que siempre ha sido considerado el albergue de Villacañas, una casa de un matrimonio villacañero que se dedicó a acoger a los más necesitados y darles cobijo y comida. Desde pequeña, en la posguerra, cuando tenía alrededor de 7 años, me acercaba al albergue junto con mi hermana para ayudar y dar pan a los que acudían allí. La verdad, es que mi familia era muy cristiana y nos inculcaron el amor a Dios y al prójimo y, al igual que mis hermanos, estuve muy vinculada a este comedor.
—¿Ha cambiado mucho la labor del mismo?—Sí, claro, porque los tiempos han cambiado mucho y nuestra situación aquí también. El ejemplo más claro está en la gran cantidad de inmigrantes que llegan hasta Cáritas en los últimos años y sobre todo también ahora solicitan nuestra ayuda muchas familias que no tienen recursos debido a la crisis a los que se les da comida todos los meses.
El año pasado pasaron por el Hogar más de 1.800 transeúntes y se repartió comida a 1.979 familias.
—¿Cuál es la labor de Cáritas?—Pues su labor principal es atender a los más necesitados ofreciéndoles comida, ropa y a los transeúntes además, un lugar donde dormir y asearse. También en este aspecto Cáritas ha evolucionado pues al principio los voluntarios hacíamos las labores de asistentes sociales "sin título" porque atendíamos todas las necesidades, ayudándoles a solucionar problemas de residencia, educación, vivienda, trabajo...
—¿Cuántas personas forman parte de Cáritas Villacañas?—Ahora hay 83 voluntarios, que trabajan de forma altruísta, casi todas son mujeres y gente más mayor. A nosotros nos gustaría que hubiera más gente joven que colaborara con Cáritas.
—El Hogar San José, como ahora se llama el albergue o comedor de caridad, es un sueño hecho realidad para usted, ¿verdad?—Sí, claro, siempre lo digo, que es un sueño hecho realidad. El albergue era una antigua casa, muy vieja, que en los últimos años ya presentaba unas malas condiciones y con empeño conseguimos que se hiciera una nueva casa que fue inaugurada el 28 de abril del 2007. Yo siempre digo que es como un Hotel nuevo y con todas las comodidades. En el Hogar se acoge a los transeúntes que pueden permanecer de dos a tres noches y se les da alojamiento, aseo, desayuno, comida y cena.
La obra se llevó a cabo en un año y se hizo íntegramente con las aportaciones y las ayudas de las empresas villacañeras y las donaciones de los vecinos y vecinas de la localidad.
—Y durante las obras, ¿dónde se atendía a los transeúntes?—Pues para dormir se habilitó un local que pertenecía a la parroquia y para darles de comer y demás yo ofrecí mi casa. Allí yo preparaba la comida y entregaba los alimentos y la ropa.
—¿Con qué ayudas cuenta el Hogar San José?—Tenemos ayudas de Cáritas, del Banco de Alimentos, además de las donaciones de gente del municipio a través de suscripciones y ayudas del Ayuntamiento que también pone a nuestra disposición a dos personas que realizan las labores de limpieza y comida en el Hogar.
—¿Lo más duro y satisfactorio de esta labor?—Lo más duro es ver la necesidad que tiene la gente. Yo siempre he intentado ayudarles en todo lo posible, no sólo dándoles comida sino abriéndoles la casa y el corazón. La mayor satisfacción es saber que he hecho una obra de caridad y he podido ayudar a los más necesitados. En muchas ocasiones, recibo más de lo que puedo dar.