Lunes, 3 octubre 2011
Cuatro pacientes y ex pacientes lo emprenden

Hacer el Camino de Santiago en silla de ruedas, sí es posible

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Toledo - Local | Susana Jiménez 12:25 | 0 Comentarios

Cuatro pacientes y ex pacientes del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo emprenden hoy un nuevo reto de superación, realizar el Camino de Santiago francés. Para ello cuentan con el apoyo de un grupo de técnicos y voluntarios que les acompañarán, las 24 horas al día, durante los 50 kilómetros que recorrerán entre Sarria y Melide. Diego Mula, Paco Ramírez, Juan Resina y Teresa Sánchez, son los cuatro aventureros a los que esta mañana acudían a despedir el consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz, y la diputada provincial de Atención a la Mujer, Deportes y Juventud, Sagrario Gutiérrez.

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Como un reto personal, una experiencia nueva en sus vidas, demostrarse a sí mismos y al resto que sí pueden hacerlo. Así afrontan Diego, Paco, Juan y Teresa su peregrinación en el Camino de Santiago, que les llevará durante esta semana a recorrer 50 kilómetros del trazado francés en sus sillas de ruedas.

Se trata de pacientes y ex pacientes del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, que han decidido embarcarse en esta aventura, que les conducirá a encontrarse el próximo viernes en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, tras haber recorrido parte del Camino.

Una iniciativa en la que no se encuentran solos, puesto que viajan acompañados de técnicos y voluntarios del Hospital, junto a los que durante estos días compartirán una experiencia a buen seguro inolvidable.

El consejero de Sanidad y Asuntos Sociales, José Ignacio Echániz, y la diputada provincial de Atención a la Mujer, Juventud y Deportes, Sagrario Gutiérrez, acudían a despedirles y desearles lo mejor en este camino.

Para Echániz estas personas, tanto los pacientes y ex pacientes del Hospital, como los técnicos y voluntarios que junto a ellos peregrinan, “tienen un mérito muy especial”, al ser “un ejemplo de superación”, destacando el “gran esfuerzo de convivencia y por integrarse en la vida normalizada” que demuestran.

Todos ellos, dijo el consejero, muestran así “sus ganas de vivir, sus ganas de tener autonomía, de no ser dependientes”, así como “su voluntad de superar obstáculos”. Son, aseguraba, “un ejemplo para la sociedad, que necesitya reforzar sus valores”.

Estas personas, concluía Echániz, asumen “un nuevo reto en sus vidas” y reflejan “lo mejor de nuestra sociedad”, por lo que se merecen “la admiración y el cariño de todos los castellano-manchegos”.

Salvando obstáculos
Entre los cuatro peregrinos en silla de ruedas hay uno “veterano”, Diego Mula, quien ya tuvo la ocasión de participar el año pasado. Para él es una experiencia altamente recomendable, “fabulosa” y en la que “aprendes mucho en manejo de silla”, al encontrarte obstáculos que salvar, y que luego te puede servir en la vida cotidiana.

Se trata de un Camino especial, reconoce, puesto que además de las dificultades que supone hacerlo en silla de ruedas, se suma algún otro problema físico como los doleres de espalda o la pasticidad, que la mayoría sufren. “Los dolores siempre los tenemos ahí, pero es una forma de intentar superarlos cada día”, asegura.

Para él la experiencia vivida el año pasado “fue fabulosa” y por eso repite. “Lo pasamos genial, y aunque te encuentras con una serie de dificultades, que con la silla lo son más de lo normal, como las piedras o caminos inaccesibles, siempre contamos con los voluntarios que nos ayudan”.

Un apoyo que también les prestan los demás peregrinos, explica Mula, que “nos dan muchísimos ánimos y nos ayudan”, por ello no duda en asegurar que “hay mucha humanidad en el Camino”.

Un reto y esfuerzo personal para los peregrinos y los voluntarios
Un reto emocionante, una experiencia nueva y el objetivo de llegar a Santiago. Así afrontan los peregrinos el inicio de este Camino que, durante casi una semana, les llevará a enfrentarse a obstáculos con los que hasta ahora no se habían encontrado.

Son Teresa Sánchez, Juan Resines y Paco Ramírez, los tres peregrinos que se enfrentan por primera vez a esta experiencia.

Para Paco se trata del segundo intento, puesto que el año pasado ya se había animado a participar, pero una lesión de última hora le impidió hacerlo. Este año, como él mismo explica, se ha propuesto terminarlo, por lo que ni siquiera se ha preocupado de dónde van ni cuántos kilómetros tendrán que cubrir. “Todo lo que hagas es un reto”, asegura.

Por su parte Teresa Sánchez reconoce que sí se ha preparado físicamente para esta experiencia, ya que “necesitas un poquito más de esfuerzo, sobre todo de brazos”. Una preparación que a nivel mental, subraya, no es precisa, ya que “junto a nosotros viaja un grupo de gente muy majo y se está muy bien”.

Para ella las piedras, escalones y cuestas que puedan encontrar en el camino no suponen un gran obstáculo, puesto que está convencida que no encontrarán “nada que no se pueda superar”.

Afronta esta experiencia como un reto, y como una forma de “abrir caminos para los que vengan después”.

Por su parte Juan Resines ha sido una de las últimas incorporaciones a la expedición. Tan sólo hace unos días le proponían participar en esta peregrinación. “Me avisaron a última hora, así que podría decirse que soy un suplente”, asegura entre risas momentos antes de emprender camino.

Para él también es una experiencia completamente nueva, y en la que espera poder disfrutar junto a sus compañeros. 

Experiencia enriquecedora
Junto a esos cuatro peregrinos, viajan tres técnicos y cuatro voluntarios, entre los que se encuentra Mª Carmen Ramírez. Ella ya tuvo la ocasión de participar en la anterior edición, y asegura que se trata de “una experiencia humanísima y enriquecedora, que muchas personas deberían ver para empezar a quitar decorados de alrededor y quedarse exclusivamente con lo que supone el esfuerzo y la lucha por algo”.

Considera que la experiencia como voluntaria es “única”, llena de “esfuerzos personales inmensos”, tanto para los voluntarios como para los peregrinos, a los que acompañan las 24 horas al día. Un contacto que les hace terminar convirtiéndose en una pequeña familia.

Un ejercicio más de normalización e integración para los participantes
Eliminar la barrera que a los pacientes se les levanta ante sí tras sufrir un accidente, ofreciéndoles la oportunidad de normalizar su situación realizando el Camino de Santiago, es uno de los objetivos de esta iniciativa, que este año vive su segunda edición.
Se trata, explica el jefe de Sección del Servicio de Rehabilitación Complementaria del Hospital Nacional de Parapléjicos y responsable de Integración de la Fundación, Ventura Leblic, de “un ejercicio más de normalización, de integración”.
Para los participantes que ya se encuentran fuera del Hospital, incorporados a sus trabajos y en casa, es “una cosa más” que pueden hacer, mientras que para los que todavía son pacientes del centro, se plantea como un ejercicio complementario, “una prolongación del Hospital”. En ambos casos, aseguraba Leblic, “la clave es que vean que pueden”.

Abriendo camino
En su nacimiento esta iniciativa tenía como objetivo la elaboración de una pequeña guía, partiendo de la propia experiencia, que pueda facilitar el acceso al Camino de Santiago a cualquier persona en silla de ruedas que se proponga hacerlo.

Por ello, el trazado del Camino francés se dividía, recorriéndose en la primera edición el tramo Melide-Santiago de Compostela, y en este segundo año Sarria-Melide. “Se trata del camino francés sin adaptaciones”, explica Ventura Leblic, “por eso no podemos hacerlo completo”.

En este sentido, apunta que habrá que dar algunos saltos, cuando las dificultades del terreno sean insalvables para estos peregrinos tan especiales. “Hay tramos que hay que cortarlos”, explica, “pero se puede hacer”. En estos casos, señala Leblic, “buscamos una vía de escape hacia la carretera, donde estará el autobús, que nos llevará hasta el siguiente tramo”, y así hasta completar los 50 kilómetros que se han propuesto recorrer.

La última etapa será la más corta, de tan sólo 5 kilómetros, que les llevará desde el Monte do Gozo hasta la plaza del Obradoiro.
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