No se hizo mucho esperar Quinito, apenas un mes de ausencia y de tranquilidad, porque todo iba como la seda. El día lo pasaba subiendo paquetes de ladrillo, de todas las medidas, que se iban repartiendo por las plantas, con el pelos y alguno más en la lejanía, me refiero al suelo. Mi padre, que cada vez tenía menos pelo, se quedo con el diminutivo de pelo blanco para los restos, digamos el tiempo que duro la obra.
Como venganza ,él bautizó al encargado como Michelín y creo que es lo más gracioso que se le ocurrió en toda su vida ( Michelin era una conocida marca de neumáticos, cuya publicidad estaba encabezada con un enorme muñeco blanco) .Todos teníamos nuestro correspondiente mote, los había poco originales, como el de Pascual, más conocido por Hoya Gonzalo; ya se pueden imaginar de donde era el pueblo de este cuarentón, que hace años que no lo he visto. Luego estaba Balazote que jugaba al futbol los fines de semana de portero, no de primera división, lógicamente. En sus ratos libres andaba con los ajos, éste y yo, los más jóvenes de la obra andábamos con el Interviú de la época. A un servidor le pusieron de mote ¨el niño ¨.
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Aquellas estructuras no tenían la correspondientes plataformas para descargar los materiales y a continuación explico esta odisea, provistos de una cuerda de cierto grosor, el peón rodeaba el paquete de ladrillo y cuando éste estaba a la altura del voladizo, provocaba un balanceo, cuando la carga regresaba el peón estiraba de la cuerda hasta que la uña con la inercia , durante unos segundos estaba en el interior, momento en el que había que bajar con mucha rapidez, para que el paquete nos quedará en el sitio adecuado.
SincronizaciónEsta maniobra requiere cierta sincronización entre el gruísta y el peón para evitar que la carga no se nos salga del voladizo. Todavía se sigue utilizando el mismo sistema para aquellos patios interiores que no disponen de plataformas.
Ahora están en casi todas las obras y el trabajo con ellas es más fácil, mas seguro y rápido que antaño, luego también resulta cómodo cambiarlas de planta, ya que van sujetas a la obra con cuatro puntales que apoyan en dos barras paralelas que nacen en uno de los lados del cuadrado que forman estas plataformas.
La distribución del material se debe hacer siempre con antelación para evitar que los trabajadores se queden parados y no cuando éstos estén en el tajo. Si lo hacemos de esta manera evitaremos las esperas. Recuerdo que cuando llegaron los albañiles, yo había inundado las diez plantas de ladrillo con el sistema de la cuerda, mucho más sencillo y rápido con las plataformas.
Debemos tener en cuenta que una sola grúa, en ocasiones, debe servir de material a dos obras con lo cual es muy importante que tengamos una buena coordinación y también que el peón esté informado de nuestros movimientos. Hay veces que el gruísta pierde mucho tiempo, cuando la persona que tiene que recibir la carga no está pendiente.
Michelín llegó a la hora del almuerzo con novedades; había que apretar no sé que tornillo de la grúa. Pronto me puso al corriente de tal maniobra Quinito, que portaba una llave inglesa de tamaño mediano.
Había un tornillo que andaba aflojándose por alguna parte. Si había un lugar más alejado y más alto del dichoso mecano era aquel dichoso tornillo que estaba justamente en la punta de la flecha.
Buena oportunidad para saber si uno ya era un auténtico pájaro de altura y para ser la primera vez que subía a la grúa, no había que andarse con medias tintas.
Estaba enterada toda la obra. Pienso, que hicieron apuestas sobre mi valor, que no debía ser espartano, despejé posibles dudas cuando me vieron subir con el cinturón de seguridad y la correspondiente llave inglesa.
Aquella mañana fui el héroe de la película y me autoestima subió. Durante todo el día estuve en boca de todos. Hasta quité protagonismo al partido de la semana, lo de siempre, Real Madrid y Barcelona, para más señas.
A cincuenta metros de altura, si uno cae, se anula cualquier posibilidad de quedar tontico, con toda seguridad se quita uno la preocupación de ir al paro. Posiblemente, quedaría colgado del cinturón de seguridad.
Por la escalera interiorSubí por la escalera interior, comprobando cada peldaño. Apenas unos minutos de subida me llevaron a la flecha. A pesar de ser la primera vez que me subía tan alto, me pareció de lo más normal; la impresión cambió cuando iba caminando hasta el extremo, ya que iba aumentando la sensación de vacío. No miré hacia ningún lugar lado y me concentré en el tornillo, mientras caminaba con pasos medidos. En algún momento la flecha se movía por el viento apenas inexistente.
Regresé de la misma manera que había subido y a Michelín le quedó claro, que no me achicaba por muy alta que fuera la grúa.
He vuelto a las alturas en otras ocasiones, pero la primera es la verdadera prueba. Sin embargo debo decir que no debemos tener nunca un exceso de confianza y debemos tener siempre la prevención necesaria. Unos días después cometí un error, debido a este exceso de confianza. Aunque, ya me advirtió Quinito que nunca debia dejar que el gancho de la grúa descansara en el suelo o cualquier voladizo, pronto pude comprobar que sucede cuando esto ocurre. Recuerdo que apreté el botón de bajada sin tener el gancho a la vista y esperé hasta divisarlo, pero éste que bajaba muy pegado a la obra, quedó enganchado en uno de los voladizos, mientras yo seguía bajando.
La tardanza en bajar no era normal y opté por dejar de pulsar bajada. Las voces de Quinito me alertaron y me dio el humo de que esa tarde iba a ver bronca. Pasé toda la tarde desliando el cable en el tambor de elevación y le pegué la tarde a Quinto que no paraba de blasfemar. Llegué a la siguiente conclusión ; ¨ Nunca se debe perder de vista el gancho ¨.