Viernes, 14 octubre 2011
Recapitalización
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| Miguel Ángel Ortega
El orden de los acontecimientos es el que sigue: 1.- Los bancos no
tienen dinero. 2.- Como no lo tienen, los Estados se lo dan (esto es la
recapitalización). 3.- Los Estados esperan que con ese dinero los bancos
den créditos a las personas y a las empresas. 4.- Es posible que cuando
los bancos recuperen el dinero porque las personas y las empresas les
paguen los créditos, los bancos devuelvan el dinero a los Estados. Me
permito parafrasear un viejo chiste: porque usted y yo sabemos que esto
tiene que funcionar así, porque de lo contrario esto suena a timo.
Porque usted y yo lo sabemos, digo, porque si no, pediríamos la
desaparición inmediata de los bancos. ¿Por qué el banco me va a cobrar
por darme un dinero que antes le he dado yo a él? Si el que tiene el
dinero es el Estado, ¿para qué necesitamos a un intermediario? Parece
más lógico que el Estado financie a los ciudadanos directamente y así
nos ahorramos la comisión. Una parte de la comisión es toda esa basura
que estamos viendo salir a diario en forma de bonos, sueldazos y
jubilaciones vitalicias de a mil euros el día para los gestores de los
bancos arruinados. No sé si esa comisión es mucho o poco en términos
relativos. Es decir, ignoro si nos sacaría o no de pobres a los demás.
Pero lo que sí hace es denunciar a gritos la inmoralidad de los
cimientos sobre los que hemos construido este mundo. Parece que Barroso
propone que a los bancos que reciban dinero público se les prohíba esos
mordiscos disparatados de sus gestores, ya que al fin y al cabo el
mérito de que la entidad salga adelante no será suyo sino de los Estados
que les volvieron a dar dinero. Y naturalmente todos a una han dicho
que de eso nada, monada. Que lo suyo, ni tocarlo. Si los gobiernos de
los Estados mandasen algo, tales bocazas ya se habrían arrepentido de
contestar con esas ínfulas. Pero claro...