
Aquí no ha pasado nada: «ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada». Parece ser que de las dos vías, «bietan jarrai», una la han cerrado por reformas; la culebra se ha comido al hacha o viceversa. Ya; fin. A miles de personas les han roto la vida, gentes desgarradas para nada. En el comunicado, con el desparpajo de los imbéciles, exprimen la lengua castellana, española, para retorcer los hechos y presentar como victoria lo que no es más que una rendición forzada por la presión de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. «La lucha de largos años ha creado esta oportunidad», dicen sin vergüenza, sinvergüenzas; esa lucha les ha otorgado la oportunidad de disiparse como el olor del sirle en el campo; han combatido, dicen, para conseguir ahora la paz como la mariposa de la polilla que revolotea alrededor de un candil para acabar consumiéndose en tímidos chisporroteos.
Sin embargo, no lo tengo claro. En el documento de capitulación no hablan de cuándo entregarán las armas y ni de cómo pedirán perdón a las víctimas. No me fío de esta gentuza. Les adivino la condición del escorpión, bicho que lleva en sus genes la semilla de la muerte y al que no le cabe la reinserción (recuerda la fábula de la rana y el alacrán). Por si acaso, prudencia porque en cualquier momento, enteros o escindidos, volverán a sacar las pistolas, armarán las bombas que tienen enterradas en el monte y a empezar de nuevo. Jueces y policías saben que esto no ha acabado del todo. Mientras tanto, vigilancia y firmeza.
![]() |
|||||||||
Instala Flash Player para poder ver el reproductor de video
|
|||||||||