Martes, 22 noviembre 2011
El copago: ¿Mejoraría la atención sanitaria?
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| Francisco R. Breijo-Márquez
Es realmente embarazoso defender o refutar este tema. La artimaña y fausto que soportamos por parte de los sistemas políticos y por algunos sistemas de información han provocado que esta componenda sea casi una materia de “amenaza” o “tabú”. En el imaginario común nos aparecen únicamente ideas contrarias referentes a esta materia. También, quizás, el hecho de realizar comparaciones inadecuadas con otros sistemas sanitarios (por ejemplo, el de Estados Unidos o- el contrario, Latinoamérica) ha provocado que saquemos conclusiones erróneas o, al menos, confusas al respecto.
Hay claras diferencias entre lo que es un co-pago, una cuota moderadora y un ticket moderador. Hablaremos de ellas en otro escrito.
Hablemos en éste del Copago. ¿Damos una visión distinta sobre el copago dentro del sistema sanitario español? Particularmente, estoy absolutamente en contra de que la asistencia sanitaria no sea gratuita. Pero en sí- si analizamos someramente, nada es gratuito. Todos- absolutamente todos- pagamos impuestos por ello. Pongamos un ejemplo: un día usted se encuentra enfermo y acude al servicio de urgencias. Con mucha suerte, no habrá mucha presión asistencial y será atendido con prontitud. Desgraciadamente no siempre ocurre esto y, en ocasiones, los servicios de urgencias están harto saturados.
Usted se plantea que lleva pagando muchos años y que “para una vez” que acude a recibir un servicio, este se le da con mucha retraso; y estando justificado en su criterio. Mientras está en la sala de espera verá muchos “pacientes” y algunos “enfermos”.
Verá gente que ha acudido por la mañana a su médico de familia, después, por la tarde, acude a un servicio de urgencias de Atención Primaria porque no le gustó lo que le comentaron al respecto o porque observa que el tratamiento no le está haciendo el efecto que él esperaba (en menos de –quizá- horas) y al final, han ido a parar al servicio de urgencias del hospital (por cierto además va delante de usted en el orden que se ha establecido en el hospital).
Con lo de ser falsamente gratis, una persona puede hacer el uso que él considere conveniente (puede o no que razonable). Puede gastar 3, 10 o mil veces recursos (personal, pruebas, fármacos… dinero de todos, al fin y al cabo) si lo considera necesario y tiene tiempo libre. Quizás después de esta larga peregrinación, vuelva a recibir el mismo diagnóstico y el mismo tratamiento pero… ¿por qué no empezar mañana a volver a pasearnos por los mismos centros? ¡Total… es gratis! Deplorablemente, lo que no se paga, no siempre se valora.
El copago es negativo si se lleva de manera extrema, es decir, todo lo que usted necesite lo va a pagar de su bolsillo pero si no puede pagarlo ¿qué pasa? Con respecto a estas propuestas extremas, mi opinión es de repulsa. Pero con respecto a que una persona pague de manera simbólica la asistencia sanitaria, no estoy tan en desacuerdo. Ya lo hacemos con muchos tratamientos farmacológicos donde la receta de nuestro médico nos cubre una parte y nosotros aportamos o copagamos otra parte.
Lo que está claro es que una persona que sufre un infarto, un accidente domestico, un cáncer u otra enfermedad grave y emergente, no debería pagar ni un solo céntimo. Pero el que acude a urgencias porque es “más cómodo”, “más rápido” o a recibir “una segunda opinión” perjudica a todos y quizás esta sea una buena herramienta para gestionar mejor el uso, o mejor dicho el abuso que algunos realizan.
Se descongestionarían los servicios de urgencias, se podrían realizar asistencias más rápidas y con menos tiempo de demora y sobre todo se beneficiaría a todo aquél que es razonable en el uso y se “sancionaría” parcialmente al que no lo es (actualmente es imposible frenar estas actitudes).Sin pretender caer en extremismos y demagogias, voy a poner encima de la mesa qué pasa con los grupos de nivel socioeconómico más bajo o jubilados.
Es innegable que todos –o casi todos- queremos que siga habiendo sanidad para todos y así lo defenderé donde sea y, con estos grupos, más todavía. Con ellos, igual no se puede realizar un copago económico, pero si un copago de esfuerzo.
En mi criterio, lo importante es que cada uno de los pacientes quite de su mente que aquello es gratis. ¿Como que gratis?, al contrario, cuesta mucho a nuestro Sistema Nacional de Salud. Por ello convendría pagar – aunque fuese una cantidad simbólica- y después, por medio de algún trámite administrativo (comité deontológico, por ejemplo) que se les devolviera ese dinero si así estuviese justificado. Es decir van a pagar un servicio con un pequeño esfuerzo y, de esta manera, seguiría siendo gratis.Muchos de los que trabajamos “dentro del sistema” veríamos con muy buenos ojos esto que podríamos denominar Copago Parcial.
Desgraciadamente este tema seguirá siendo tabú y Políticas de unos y otros colores nos mal-informarán y nos “amenazaran” con: ¡que viene el copago! Sinceramente, en mi opinión, un sistema de copago para algunas unidades o servicios (Urgencias fundamentalmente) con unos límites razonables, harían que nuestro sistema funcionara mucho mejor con el mismo coste. Pero, es evidente que resulta más fácil y cómodo no tocar los temas tabú que poner medidas para que los sistemas educativos y sanitarios sigan siendo un ejemplo de calidad y solidaridad social. Las opiniones al respecto están servidas.