Este capítulo quiero dedicarlo al enganche y elevación de las cargas, aunque ya se ha tocado este punto, pero sin profundizar en matices importantes
Este capítulo quiero dedicarlo al enganche y elevación de las cargas, aunque ya se ha tocado este punto, pero sin profundizar en matices importantes. Anteriormente pusimos claro lo importante de subir las cargas siempre aplomadas, para evitar los bamboleos y que éstas puedan empujar algún tabique próximo o algo peor que la uña pueda enganchar algún paquete próximo. Hablamos de la prohibición de levantar en sesgo ( esta maniobra consiste en levantar la carga con el cable en diagonal ), también debemos evitar levantar aquello que se salga del radio que abarca la flecha.
Nunca debemos poner una velocidad rápida de elevación, sin antes comprobar que la carga está aplomada, empezaremos con una velocidad lenta para tensar y evitar que la flecha con el peso baje bruscamente, produciendo un movimiento en la torre de la grúa que debemos tener siempre en cuenta para que los tornillos no se aflojen, ya hablamos del reapriete de éstos con cierta periocidad.
Ahora las grúas disponen de tres velocidades en la elevación. La primera velocidad se utiliza para tensar y para realizar movimientos de precisión, pondré un ejemplo, en el transcurso de la construcción de un centro comercial tuve que mover vigas de hierro de gran longitud y una vez trasladas al lugar donde iban a ser soldadas, los soldadores tenían que ponerlas a nivel con lo cual había que subir o bajar apenas unos cm, a veces con una pulsación era suficiente, en estos trabajos debemos olvidarnos de las demás velocidades.
Aquellas grúas de mi aprendizaje solo disponían de dos velocidades, entonces había que tensar mediante continuos punteos, de la misma forma cuando se bajan las cargas debemos utilizar esta velocidad lenta para posarlas en el suelo. Este tensado dependerá del peso y del volumen, ya que no es lo mismo levantar un carrillo de masa que una enorme viga de hierro, con el primero cuando levantemos apenas se moverá la flecha, con la viga de hierro ésta bajará considerablemente.
Tampoco hay que olvidar que las velocidades a utilizar no solamente depende del peso a elevar sino del espacio y la distancias del traslado. Podemos poner el ejemplo de la conducción de un automóvil, la velocidad dependerá de ciertas circunstancias, luego en las grúas también influyen estos factores, porque varían los espacios de una obra a otra.
Por esta razón, el gruísta debe familiarizarse con las distancias, obstáculos…que cambian según el emplazamiento del edificio y la posición de la grúa torre.
Nunca debemos utilizar la velocidad rápida, si en alguna ocasión no tenemos buena visión o si estamos descargando con la ayuda del peón mediante señas, cuando ocurra esta circunstancia debemos obrar con mucha prudencia.
El movimiento de elevación también dispone de un dispositivo de seguridad y es un limitador que corta la corriente cuando el peso de la carga puede poner en riesgo la estabilidad de la grúa.
La mayoría de las cargas que van apoyadas en los palet (son pequeñas plataformas de forma cuadrada formadas por un entramado de tablas clavadas a gruesos listones que forman la base) van sujetas con plásticos que se enrollan alrededor, bien palet de ladrillo o de chapas de encofrado para prevenir las posibles caídas.