Miércoles, 30 noviembre 2011
Bilis negra
Marcar como favorita
Enviar por email
Blogs
| Francisco Mora
Es impepinable, a Sebastián el otoño le despierta
la bilis negra. Se conoce que también en su cabeza caen las hojas y le dejan la
mollera en puro hueso. Ha sido verlo en nuestro bar de siempre y saber que me
esperaba una tarde de aúpa. “Hola, figura”, le he dicho, y él por todo saludo
ha soltado un bufido y, sin mirarme siquiera, le ha dado un tiento al chato de
vino. “¿Te pasa algo, Sebastián?”, he preguntado, y entonces él ha levantado la
vista del vaso y me ha largado de corrido: “¡Qué cuajo tienes! Con amigos como
tú, ¿quién necesita enemigos? Llevas meses, años pasando de mí, acordándote de
mi existencia de pascuas a ramos para solventar alguna faena de aliño y me
preguntas si me ocurre algo. Pues que estoy cansado. Harto de que me tengas en
tan poca consideración. Que uno, como decía el poeta Rafael Pérez Estrada, está
tiritando de inédito. Y eso duele. Sobre todo cuando has servido bien a tu
señor. Uno puede ser de papel, un mero personaje pero, ¿sabes?, también tiene
su corazoncito. De papel, pero corazón al fin. Supongo que hoy has venido, como
las elecciones fueron hace poco, para poner en mi boca lo que le escuece a tu
garganta, alguna de esas frases tuyas, pedantonas y resabiadas, del tipo: hemos
pasado de un estado democrático a un estado bipartidista y el pueblo, siempre
en medio, es el gran perdedor. Pues se acabó, eso se lo haces decir a Rita la Cantaora, porque yo me
apeo. Y además, alma de cántaro, tú sabes que yo voté a Mariano.” Cuánto daño
nos ha hecho a los escritores Pirandello, he pensado. He pedido unos vinos y
Sebastián, esbozando una sonrisa sibilina, me ha echado un brazo por los
hombros.