
Qué cojones habremos hecho los funcionarios para que cualquier mindungui se cebe con nuestro sueldo y proponga, recortadora en mano, que se les quite el pan de la boca a nuestros hijos. Sorprende que individuos como el tal Pérez, Artemio el de Albacete para más señas, «vea con buenos ojos» la bajada de sueldos que ayer anunció María de los Dolores que hacen llorar con amargura. Los funcionarios pagamos los impuestos, acudimos con regularidad a nuestro trabajo que sacamos adelante con diligencia a pesar de comprobar en demasiadas ocasiones que hijos de fulanos que andan en coches de alta gama reciben becas o que una caterva de trincones que trabajan dos meses al año se llevan subvenciones europeas mientras venden buena parte de la producción en dinero negro.
Los funcionarios somos como la cojita del cuento a la que el tío del saco atrapó porque no podía correr. El tío del saco, los falsarios de la Junta que juraban por su santa que no nos iban a bajar el sueldo y el actual gobierno central de infausta memoria. La cojita, nosotros. Aquellos renunciaron a una auténtica reforma fiscal mientras se cebaban con los empleados públicos y los pequeños empresarios a los que obligaban, por ejemplo, a pagar impuestos antes de haber cobrado las facturas. Mientras tanto, en España se han permitido operaciones en donde han sacado tajada los de siempre y se ha pringado el resto. Para resolver la crisis, leña al mono. Pues bien, es el momento darles una lección, por eso propongo que a todo empresario que se solidarice o justifique los recortes no le compremos ni un alfiler. A Zapatero, una higa. ¿Y para María de los Dolores? Una peineta.
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