Jueves, 8 diciembre 2011
Broza
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| Francisco Mora
Lo hemos escrito ya tantas veces que a uno, cuando
tiene que volver sobre el asunto, se le cae el alma al suelo. El mundo del
arte, en general y salvando dignísimos casos cada vez menos numerosos, es puro
mercadeo; anda en manos de mercachifles y filibusteros que solo buscan réditos
y a los que, claro está, les trae al pairo la calidad de la obra. Se fabrica lo
que sea, siempre que dé beneficios, se envuelve en celofán de colorines y se
vende como el último pedo artístico, así sea broza, a espuertas, lo que hay
bajo el celofán. Y lo triste es que los que cortan el bacalao ya ni se molestan
en ocultarlo. Ayer mismo leía unas declaraciones de Ron Meyer, al mando desde
hace años de uno de los más importantes estudios cinematográficos de Hollywood,
Universal Studios. Dice textualmente Meyer sobre su cine: “hacemos mucha
mierda. Un éxito de crítica es maravilloso, cuando sucede. Es genial ganar
premios y hacer películas de las que uno se siente orgulloso, pero tu
obligación primaria es hacer dinero y luego preocuparte por estar orgulloso de
lo que haces. (...) Hay momentos que balancean (sic) toda la basura que
hacemos.” Sobran comentarios. Bajando a un terreno que a uno le es más cercano,
el de la literatura, puedo confiarles que conservo algún documento en el que
dos grandes editoriales españolas, tras deshacerse en elogios sobre determinado
libro, vienen a concluir diciendo que a pesar de las excelencias y la altísima
calidad del mismo, no van a publicarlo: primero porque pertenece a un género
que no vende mucho y, segundo, porque no es de un autor conocido. En fin. Así
son las cosas. Hay muchas crisis. Y ninguna buena.