
Esto va de que a mi
amigo el Palizas lo han acusado de botarate. Sí, un melindroso ojigacho se ha
ido al jefe de taller con el cuento de que el Pali es un bocazas y ha insultado
a un Superior Superior (observa el uso de la ortografía) llamándolo
tontochorra. El jefe, al abrigo de los tiempos que vuelven (la madre que los
parió), ha llamado al bocazas y con tono conciliador, de buen rollito entre
colegas, lo ha incitado a no romper, ha dicho con voz impostada, el magnífico
ambiente que se respira en el centro de trabajo donde todos, como hermanos,
trabajan como primos, salvo el chivato que no hace ni el huevo.
El Pali, menudo es, ni se calla ni se arredra, así
que con la testuz arriba se ha puesto a topar a hacia los extremos donde anda el
denunciante anónimo y contra el abroncador mientras expelía por la boquita de
piñón palabras que solo pueden oír los mayores de edad y con promesa de confesión.
En resumen, que ha mandado al intermediario a tomar por el culo y, dando un
sonoro portazo, ha abandonado el puesto de trabajo sin terminar el cambio del
aceite; hasta la fecha se desconoce su paradero.
Aprovecho para solidarizarme con mi amigo. Ay hija mía, si esto me pasa a mí no sé qué hubiera hecho. O sí. No, se gana más lamiendo que mordiendo y ahora tengo que dar buena impresión a las autoridades para que me asciendan y pueda así meterme cuatro billetitos de a cien más a la buchaca para champán y polvorones.
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