
De cuanto ocurre, digo frío; un frío augusto, líquido, reverencial, un frío que se mete en los huesos y te taladra con su aguda lezna de alambre. Menos mal que después despunta tras los montes el sol tibio, amoroso cuando te abraza con la levedad de sus dedos amarillos que todo lo tornan transparente. Y con él, la esperanza. No, no voy a hablar del gobierno de la república ni de sus aristas e imperfecciones; hoy solo importa la lucha implacable entre el sol y el frío insolidario, entre la luz y el hiriente engendro de la primera noche del invierno. Ya sabes quién ganará la pelea, sobre todo si vives en el fondo de un portal descerrajado, envuelto en cartones, solo; la experiencia nos avisa de que al frío le gusta disgregar, separar, cortar los lazos que nos atan a la gente. Por eso, ganará el frío, y anclará su sabor metálico en la punta de tu lengua. Pero su victoria será efímera.
De lo que me rodea, apenas si oigo el murmullo callado del muérdago en los pinos cuando el viento lo despeina, o el sonido secreto y crujiente de las hojas muertas bajo los zapatos. Por eso, hoy desdeño a los de la recortadora: su victoria será efímera. Y su discurso, abstruso, impostado; su nadería, teatro. Únicamente disfrutaré del sol, del frío, de la soledad buscada, del sonido del viento o el crujir de una hoja en la linde del bosque. Todo como señal inequívoca de que habrá mañana y yo estaré presente, y tú también, y aquel otro. ¡Feliz solsticio de invierno!
![]() |
|||||||||
Instala Flash Player para poder ver el reproductor de video
|
|||||||||