Miércoles, 4 enero 2012
Sebastianeando
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| Francisco Mora
Debo
reconocer que, tras nuestros últimos rifirrafes, esta tarde encuentro a mi
amigo Sebastián más sebastianeado que nunca. Quiero decir que ha vuelto a ser
él, el genuino, ese ser vehemente y un tanto desconcertante que hace de su
incontinencia verbal bandera y signo; una incontinencia que, como es sabido,
bebe de las dos fuentes principales a las que cualquier español –o española- de
pro se acoge cuando quiere ponerse estupendo, o borde, o las dos cosas a la
vez: el chascarrillo o cuchicheo y la filosofía de barra o tocador. O sea, lo
que vendría a ser un picatoste con peineta, es un suponer. Acodados en la barra
de nuestro bar de siempre, Sebastián desgrana todos los tópicos de la navidad,
uno a uno, sin dejarme meter baza, mientras tras los ventanales la tarde
languidece como languidecen las tardes, un poco al tuntún y por pura costumbre.
Al final, cuando se ve que ya los efluvios del alcohol bailan una conga en sus
meninges, Sebastián me ha dicho: “Por cierto, que bien me la has liado, con esa
ocurrencia tuya de escribir en tu columna, por estas fechas, una carta comunal
a los Reyes Magos”. “No entiendo”, he dicho. “El presidente de mi comunidad”,
ha rematado él, “que siguiendo tu ejemplo ha propuesto que escribamos, los de
mi bloque, una de esas cartitas absurdas”. “Pero hombre”, digo, “si lo mío solo
es literatura”. “Ya”, dice compungido, “eso cuéntaselo a él, que como además de
presidente de la comunidad es concejal...”. “Vaya, lo siento, no tenía ni
idea”, digo con retintín, “pero, ¿de los que mandan o de la oposición?” Excuso
comentar la mirada que me ha lanzado Sebastián y el tiento que le ha dado al
chato de vino.