La festividad de San Antón, celebrada esta semana, ha llevado a muchos ganaderos a mostrar sus mejores animales para recoger la bendición de su patrón y es sólo un ejemplo de cómo el trabajo diario se convierte en ocasiones en una fiesta.
En la mayor parte de nuestros pueblos y ciudades la festividad de San Antón donde los animales tomaban el protagonismo. Hoy son los animales domésticos los que acaparan el protagonismo que hace años tenían sus antecesores ‘domesticados’, sin embargo no es la única festividad en la que productos ganaderos y agrarios son los protagonistas de los actos.
Es el cerdo, con el que se suele representar al santo, el que campaba libre por las calles de muchos de los pueblos de la región alimentándose de los desperdicios y siendo rifado, entero o por partes, para repartir los beneficios entre los más necesitados.
También muchos ganaderos se encomendaban a la protección del patrón de los animales para que cuidara del sustento de su familia y en ese día exhibían sus mejores ejemplares por las calles del pueblo. Una tradición que algunos han mantenido como en el caso de la localidad de Porzuna, donde un ganadero local, Julián Fernández Campos, ha mantenido la tradición de adiestrar machos cabríos que le ayudan en sus labores diarias con el ganado.
Este año quiso compartir esta imagen tan especial con sus paisanos paseando sus once machos cabríos por las calles de la localidad mostrando la docilidad adquirida por estos animales a los que su dueño, que conoce por sus respectivos nombres, hace que se arrodillen con sólo pedírselo.
La vendimiaPero además de estas tradiciones que tienen como protagonista a los animales, otros trabajos agrícolas gozan también de sus propios festejos en los pueblos castellano-manchegos. Un ejemplo de ello es la vendimia cuyo trabajo es honrado con festividades en aquellas comarcas dedicadas a la labor vitivinícola.
Villacañas, Puebla de Almoradiel en Toledo, o Daimiel en Ciudad Real, son algunos de los ejemplos donde al término de estos trabajos el pueblo se viste de fiesta además de recordar las tradiciones.
Como no podía ser de otra forma las principales celebraciones giran en torno a la uva y el vino. En el caso de Daimiel se premian los mejores racimos y se subastan para después dedicar los fondos a obras benéficas. En Puebla de Almoradiel, donde cumplirán 25 años con esta tradición, degustan los típicos manjares manchegos a pesar de celebrarse en julio. También en Villacañas además de resaltar la labor de un viticultor se aprovecha esta ocasión para compartir unos días en comunidad.
El olivo también tiene su fiestaLos aceituneros también solían celebrar el final de la recolección como se recuerda en la localidad toledana de Mora el último fin de semana de abril desde hace más de medio siglo. En torno al aceite de oliva se organizan muestras gastronómicas, folclóricas y artísticas, pero también se recuerdan el arte que constituyen los trabajos necesarios para el cultivo del olivo mediante concursos como el de poda.
Estos concursos que miden la destreza de los participantes en las diversas tareas se repiten en casi todos los rincones de nuestra geografía donde los profesionales del campo convierten por un día su rutina cotidiana en motivo de diversión mostrando su destreza con el tractor.
Y por supuesto tratándose de una fiesta en torno a la aceituna, no podía faltar el ya famoso concurso de Lanzamiento de Huesos, donde los participantes sólo se pueden ayudar de su boca para lanzarlo.
Otras fiestas son las que recuerdan cómo se hacían antiguamente las labores del campo hoy desplazadas por la mecanización del campo, como sucede en la fiesta de la siega y la trilla en Tomelloso Ciudad Real. Y en cambio otras son las encargadas de recordar que hay cosas que no cambian como la fiesta de la monda en Consuegra Toledo.
En definitiva ejemplos de cómo los trabajos agrícolas siempre han tenido un hueco en las festividades de nuestros pueblos.