Alfonso Álvarez Suárez, Magistrado Juzgado Lo Penal nº 1 Cuenca
Llevamos 10 días de resaca desde el conocimiento por la opinión pública de la Sentencia que condena a Miguel Carcaño a 20 años de prisión por un delito de asesinato, absolviéndolo del resto de los cargos formulados contra el mismo, y absuelve a los otros procesados en la trama. Mucha tinta ha corrido en prensa y medios de comunicación acerca del contenido de la resolución y de su supuesta injusticia, pudiéndose definir gran parte de los comentarios y opiniones con dos calificativos: desconocimiento supino y desvergüenza hipócrita. Por poner un ejemplo, tiene su gracia que hoy se rasgue las vestiduras alguien que sacó en su programa, previo paso por caja, a la madre de Cuco para que dijera que “su niño es un chico extraordinario”.
Vaya por delante que estas breves líneas no se refieren a los padres y familiares directos de Marta, por favor. Mi pésame más sincero para ellos, pues deben de sentir un dolor tan grande que cualquier exabrupto o inexactitud que puedan proferir contra los redactores de la sentencia no deja de ser más que un recurso para afrontar una situación tan increíblemente dolorosa. No, no. Me refiero a todos esos que, alegremente, con descaro, sin haber leído la sentencia y con una imprudencia cercana a la idiocia, se empeñan en opinar de cosas de las que no saben y en intentar prolongar lo máximo posible esos juicios televisivos paralelos que tanto les gustan, en beneficio propio y jugando con el comprensible dolor de una familia.
Yo SÍ me he leído la sentencia, 141 folios del ala. Para poder calificarla de certera y afortunada tendría que haber asistido a la vista y haber estudiado íntegramente la causa, lo que no se me ocurre, pues uno ya tiene bastante con los procedimientos de su Juzgado –en casa del herrero, cuchara de palo-; a pesar de ello, lo que sí puedo hacer es calificar la sentencia, en sí misma, de motivada, irreprochable jurídicamente y, sobre todo, valiente, porque, con la que ha caído, los Magistrados de la Audiencia Provincial de Sevilla han tenido arrestos para sustraerse al estado de opinión imperante en la calle y redactar la resolución que les dictaba su conciencia, de acuerdo solamente a las pruebas practicadas en el acto de la vista. Ole por ellos.
Aún así, el problema de todas esas barbaridades proferidas no lo es tanto para los compañeros aludidos, cuyos nombres volverán al anonimato en pocos días, es otro: que todos estos comentarios, maledicencias e injusticias vertidas sobre los redactores de la sentencia consiguen la deslegitimación global de la institución judicial. El paso de una sociedad primitiva a una moderna se produce cuando tú y yo, que mantenemos una discusión sobre un tema concreto, renunciamos a molernos a palos para resolverlo y nos encomendamos a un tercero –que llamamos Juez- para que lo resuelva con arreglo a unas leyes de las que se dota la comunidad. Ni más ni menos, eso es la Justicia. Con lo que, criticando furibundamente las resoluciones judiciales desde un medio de comunicación, conseguimos que el ciudadano de a pie vea a los de la toga como unos seres aislados en su torre de cristal, que viven en un limbo que se han construido a su imagen y semejanza, irresponsables e insensibles a los sentimientos y dictados de la sociedad. Así pasa lo que pasa: la pasada semana, a un compañero de Arucas (Gran Canaria) le destrozaron el coche y un exaltado lanzó un coctel molotov al interior de los Juzgados de Lora del Río (Sevilla).
Y si lo que exige la sociedad a nosotros los Jueces es que seamos infalibles, creo que no va a ser posible. Lo intentamos todos los días y lo seguiremos intentando, pero no sé yo si conseguiremos el 100% de acierto. Por ello, mejor sería que España se planteara la contratación masiva de mediums, en plan Anne Germain, que sustituyan a los hasta ahora poco acertados Jueces. La médium se coloca frente a los espíritus “quetodolovendes deotrasdimensiones”, conecta con el más allá, le relata un ectoplasma con vocación de chivato lo que sucedió en un caso concreto y asunto terminado. España una vez más a la cabeza de la modernidad. Cierto es que algún interrogante se abre sobre ese novedoso sistema (por ejemplo, la fiabilidad del informante -¿quién nos asegura que el que fue un mentiroso en vida no lo sigue siendo después de muerto?- o la posible apelación -¿cómo graduamos a los mediums en primera instancia y apelación? ¿por el número de contactos paranormales al mes? ¿por la frecuencia semanal de la recepción extrasensorial?-) pero con buena voluntad son fácilmente salvables. Además, los juicios serían fácilmente televisables, lo que podría procurar nuevos ingresos a las depauperadas arcas públicas.
Dejémonos de sarcasmos. Esta semana están convocadas “manifestaciones de repulsa” contra la Sentencia de marras. Inaudito. Las sentencias se recurren, creo entender. El ciudadano que acuda por solidaridad con la familia de Marta, vale. El que vaya contra la propia resolución y crea que en la calle se puede combatir lo realizado en una sala de vistas, donde se ha podido escuchar a todas las partes y todas han podido explicar su punto de vista, que se lo haga mirar, pues está socavando el Estado de Derecho con su actitud. La familia, si cree que la Sentencia no es correcta, debe –y puede- recurrir la misma ante el Tribunal Supremo. Lo demás sobra.
Para finalizar estas breves líneas, señalar una gran paradoja: la Justicia cada día más se parece más al fútbol, la culpa siempre la tiene el árbitro.