Viernes, 27 enero 2012
España no rebaja su apuesta por la contención del déficit
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Editorial
La entrevista entre el Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, y la canciller alemana, Angela Merkel, ha dejado una imagen de seriedad en los planteamientos de nuestro Gobierno con respecto a la necesidad de asumir la carga que nos corresponde en la recuperación económica europea, la estabilidad del euro, y la permanencia de nuestro país en primera línea de la Unión Europea, a pesar de los pesares.
Después de las dudas planteadas desde el propio equipo de Rajoy acerca de la posibilidad de mantener nuestro objetivo de déficit, la petición de la presidenta del Banco Central Europeo para que se refuerce el fondo de rescate posible para España e Italia, y los ataques ya esperados de las agencias de calificación de riesgo, era importante que Rajoy no acudiera a Berlín a pedir árnica, sino a explicar a nuestros socios europeos, y en especial a quien lidera la recuperación, que España quiere demostrar seriedad y capacidad.
Solo así se puede conseguir lo que a duras penas se está logrando: financiación a través de las subastas de deuda pública en buena cantidad y a buen precio, y recuperación paulatina de la confianza de los inversores en las Bolsas españolas.
Sabemos que es un objetivo más que difícil en estos momentos, entre otras cosas porque caemos en el riesgo patente de crecimiento cero e incluso retroceso, alejando aún más la posibilidad de crear empleo de manera estable y continuada.
Pero es momento para que quienes han prometido que España va a ser capaz de salir del bache y no arrastrar al euro, y de no dejarse arrastrar, ha de mantener el tipo -nunca mejor dicho- para cortar en la medida de lo posible el ataque interesado de los inversores que apuestan su negocio a un encarecimiento de la deuda, y a una crisis aún mayor de liquidez en nuestro país.
Aun así, la reducción del déficit ha de venir por un aumento de los ingresos del Estado a través de los impuestos y las tasas generadas por la actividad, la circulación de dinero, el pago de las nóminas y el sostenimiento de las empresas.
Pretender que se puede seguir recortando gastos, reteniendo pagos, y aumentando los impuestos es tan irreal como peligroso e injusto. Y Rajoy lo sabe.