Los ladrones se llevaron a finales de enero la vieja campana del pueblo cifontino de Carrascosa de Tajo. Lo hicieron a plena luz del día, después de arrebatarla del patio de la iglesia, donde llevaba cinco años, y cargarla en una furgoneta. El alcalde de la localidad, Pablo Espada, se queja de inseguridad tras este robo: "Hay sensación de vulnerabilidad".
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El pequeño pueblo de Carrascosa de Tajo, en el municipio de Cifuentes, perdió el día 25 una campana con más de medio siglo de historia, después de que unos ladrones se la llevasen del patio de la iglesia a plena luz del día.
Según la noticia revelada por la Cadena Ser y que ha detallado a este periódico el alcalde, Pablo Espada, el robo se produjo a las dos de la tarde, cuando los ladrones cargaron la campana en una furgoneta que fue vista por algunos vecinos. Los hechos han sido denunciados en el cuartel de la Guardia Civil de Trillo, sin que se haya dado con los autores de lo que el alcalde juzga “un robo por encargo”.
La campana sustraída fue construida en 1956 gracias a un donativo del pueblo a la iglesia. Varios desperfectos, entre ellos una grieta y un agujero, recomendaron en 2007 que fuese apeada de la torre y sustituida por otra que sigue hoy en el campanario. La vieja campana llevaba cinco años expuesta en el patio de la iglesia con fines ornamentales y sentimentales.
La campana iba a estrenar en breve un pedestal construido meses atrás para ser expuesta con más honores. El motivo de que todavía no estuviese colocada en su nuevo emplazamiento se debía a que se había esperado a unas fechas en que hubiese más personas en el pueblo. Ahora habrá que esperar a que pueda ser recuperada de las manos de los amigos de lo ajeno.
La campana sustraída cuenta con un grabado en el que consta la fecha de la fundición, así como que es un donativo de los vecinos de Carrascosa de Tajo al Santísimo Cristo de la Misericordia, el patrón de esta pedanía de Cifuentes.
Espada considera que más allá del valor económico que pueda tener para el pueblo o de su uso, tras su sustitución por otra campana más moderna, el objeto robado tiene un gran valor sentimental para los vecinos.
El regidor se queja de la “sensación de vulnerabilidad” que ha generado el suceso en el pueblo. “Pedimos más seguridad”, dice, después de que haya quedado rota la impresión tradicional de vivir “en una zona tranquila”.