Viernes, 3 febrero 2012

La violencia en el fútbol egipcio no es algo tan ajeno y lejano para España

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La muerte de 74 personas y centenares de heridos que se produjeron esta semana en un partido de fútbol en Egipto no lo debemos mirar desde España y desde nuestros campos de fútbol como un hecho lejano.
 
Este dramático suceso  desenmascara un Egipto donde el fútbol y la política se entremezclaron desembocando en algo que nunca puede pasar en un estadio.
Las circunstancias de tal matanza resultan aún confusas, aunque en evidencia ha quedado la actuación de unas fuerzas de seguridad que no han encontrado en Egipto su término medio para actuar. Desde la brutalidad de la era Mubarak, a la pasividad más absoluta en algo que no es exagerado definir como masacre.

Y habrá quien quiera taparse los ojos y ver en esta violencia, un problema lejano, a miles de kilómetros de los estadios de Europa y de España. Pero lamentablemente no es así. Esta violencia tiene un germen político, dado el alto contenido nacionalista que origina la fundación´n del club de Port Said, en época de la dominación británica, y el papel destacado de los hinchas del equipo cairota  entre quienes lucharon por derrocar a Mubarak.
 Pero no olvidemos que en los estadios se va a ver fútbol, y la política o la ideología se defiende en otros lugares. Y lo que pasó en Egipto no ha sido algo tan ajeno a lo vivido en nuestros campos de fútbol con enfrentamientos ideológicos de ultras de derechas, de ultras nacionalistas, de ultras de izquierda o de quienes se olvidan a ultranza de a qué se va a un estadio.

Por eso conviene educar, y educar desde todos los ámbitos. Desde los medios, por supuesto, es una de nuestras labores y obligaciones. Pero desde las ruedas de prensa que cada día dan jugadores y entrenadores también se debe educar en la tolerancia y fomentar el fútbol por el fútbol, y no hacer de una pelota, un césped pintado y dos porterías, un mundo más allá de lo que es deporte, y un deporte espectacular.

Hay que saber distinguir entre el sano enfrentamiento futbolístico y el enfrentamiento del fanático de un equipo o del fanático de una ideología. Pero en medio mundo hemos olvidado, y en España parece que también,  que el fútbol es eso, un juego. Y que cuando se juega es para divertirse y que cuando se va a ver jugar, es para lo mismo. En una sana competencia.
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