Sábado, 4 febrero 2012

Salto atrás

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Blogs | Francisco Page 0 Comentarios

Esta mañana hace frío, es un frío rancio, un frío gran reserva de los años sesenta macerado, como el miedo, en noble barril de roble patrio. Posee la belleza de la infancia, de cuando había sabañones, churros atados con juncos, piedras por las calles y guardias de la porra. El sol en su nacimiento, también incompetente, tiene el escaso fulgor de entonces, un tono amarillo apagado. En la calle, echo de menos las boinas y el olor a serrín en la ropa. Sin embargo, hay una pequeña diferencia con antaño: hoy las palomas surcan los aires en grandes bandadas y danzan al son de la música de las esferas. No recuerdo que entonces hubiera tantas palomas; sí cuervos, unos cuervos lustrosos graznando bajo las gárgolas, enorme balcón desde donde lanzaban admoniciones insoportables con su voz de miedo. Y arañas, decenas de arañas. A la conjunción de ave carroñera y bicho (no te contaré la fábula) la llamaban unidad de destino en lo universal que es como mezclar el culo con las témporas; o sea, metafísica de baratillo.

Tengo la sensación de que un imbécil  ha vuelto a pulsar el botón de retroceso en la película de mi vida porque todo me recuerda el pasado, el frío siberiano, el autoritarismo, el clasismo, Camps... Menos mal que acabo de descubrir en internet una emisora de radio que durante las veinticuatro horas del día emite jazz. Me sirve para tamizarme los cabreos con su ritmo expansivo. Me calma. Prácticamente no hay locución; no hay noticias, ni se oyen chafarderos contando sandeces. A esto he llegado. Vale, me callo ya. 

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