La defensa solicitó la absolución por considerar que no hay prueba de cargo.
El supuesto robo de un perro galgo es lo que llevó a sentarse ayer en el banquillo de los acusados a J.J.G.A., J.J.G.G. y T.S.R., después de recibir la acusación por parte de la Fiscalía de ser los presuntos autores de un delito de robo con fuerza en las cosas en el que se hicieron con un galgo, propiedad de A.M.M.
Durante la vista oral, que se celebró en la sala de lo Penal Bis, se pudieron escuchar las versiones de los tres acusados,coincidentes todas ellas y en las que se negó el hecho de que éstos rompieran la valla y entraran en la perrera de A.M.M. el día 13 de octubre de 2007.
El primero en prestar declaración fue J.G.G., que reconoció que su padre le dijo que había comprado el perro a un gitano por 200 euros y que lo llevaron al veterinario sin saber quien era su dueño. “Si llegamos a saber que era robado no lo hubiéramos llevado al veterinario”. Asimismo, reconoció que llevaron al animal al albergue de la protectora Arca de Noé para que el dueño fuera a recogerlo sin pedir dinero de ningún tipo.
Por su parte, J.G.A., otros de los acusados en la causa, además de negar el robo, aseguró que compró el perro a un gitano en el término municipal de La Gineta que dijo “que se lo había encontrado”, pagando por él 200 euros. Coincidió con su hijo -el otro acusado- en confirmar que llevaron al animal al veterinario, añadiendo que el objetivo era “cambiar la titulación”, tal y como aseguró también la veterinaria que los atendió en ese momento. Sin embargo, contradijo a J.J.G.A. declarando que cuando fueron a la clínica ya conocían quien era el dueño del galgo.
Tras ellos, prestó declaración el tercer procesado por los hechos, T.S.R., quien afirmó que J.J.G.G. y J.J.G.A. se presentaron en su casa “para ver si sabía de quien era el galgo” que habían comprado, y que luego les acompañó al veterinario y nada más.
Por su parte, el afectado en el caso, A.M.M., dueño del perro robado, manifestó que se enteró del robo porque llamaron de la Clínica Veterinaria cuando descubrieron que era suyo y los acusados le dijeron que se iban a llevar a Casas Ibañez, localidad donde residía, pero después de eso “ya no he vuelto a saber nada más y del perro tampoco”, aseguró. También reconoció que no le pidieron dinero.
También pasó por el juzgado la persona que gestionó el ingreso del perro en el Arca de Noé, quien manifestó que todo fue “como una entrada común” y que el animal no presentaba signos de estar abandonado. E informó que a las pocas horas del ingreso el perro desapareció del albergue.
Tras escuchar las distintas declaraciones y elevar a definitivas las conclusiones, la Fiscal sostuvo la petición de 20 meses de prisión para J.J.G.A. y J.J.G.G. y 28 para T.S.R. por un delito de robo con fuerza.
La defensa en cambio solicitó la libre absolución para los acusados, argumentando que la tenencia de un perro que pudiera ser robado no es prueba de cargo suficiente para enervar la presunción de inocencia. Los letrados sostuvieron que los procesados se identificaron a la veterinaria sin ocultar, por tanto, “su actitud”, y en ningún momento ha quedado probado el robo con fuerza.