Sábado, 4 febrero 2012
Conservación

La complicada e importante tarea de regenerar una laguna

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Blogs | El Día 13:15 | 0 Comentarios

Son muchas las zonas húmedas que existen en toda la geografía de Castilla-La Mancha y donde podemos disfrutar de un buen número de especies que sobreviven gracias a las condiciones de estos hábitats. Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a la desaparición de muchas de estas zonas.

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Entre los principales motivos está el descenso de las aguas freáticas que las alimentaban y de los drenajes realizados para poner en cultivo sus cubetas. De hecho, casi todos los años hay algún hábitat acuático que sufre una nueva agresión o cuya superficie queda reducida debido a las canalizaciones o a la ampliación de los cultivos.                        

Desde que en 1956 se publicara la Ley sobre Saneamiento y Colonización de los terrenos pantanosos asociados a los ríos Guadiana, Gigüela, Záncara, y sus afluentes, en las provincias de Ciudad Real, Toledo y Cuenca, la destrucción ha sido imparable. Afortunadamente, en los últimos tiempos está surgiendo cierta concienciación sobre la necesidad de conservar los ecosistemas acuáticos que nos quedan, aunque estamos aún muy lejos de aceptar que existe legislación que protege nuestras zonas húmedas, y que esta legislación debe aplicarse urgentemente. Podemos citar algunos ejemplos como es el caso de las Lagunas de El Pedernoso, Las Pedroñeras o Las Mesas -en la provincia de Cuenca-, donde se localizaban hasta 11 lagunas con nombre propio. En el término de Daimiel (Ciudad Real), además de Las Tablas, existían otras lagunas denominadas “La Nava” o “Charcón de los Ardales”, “La Albuera”, “El Escopillo” y “Navaseca”. El complejo laguna de El Ballestero-El Bonillo (Albacete) estaba constituido por una serie de depresiones cársticas de fondo plano, con superficies de inundación muy variables. En el término municipal de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) confluían los ríos Gigüela y Záncara, y daban lugar a una llanura de inundación.                               

Una zona húmeda diferente       

Crear una  nueva zona húmeda es fácil si se dispone de agua, pero conservarla íntegramente o recuperarla después de haber sido alterada es muy difícil. Hallar en la Península Ibérica una zona húmeda que no haya sido alterada es bastante complicado. La mayoría de los cambios que experimentan las zonas húmedas inciden directa o indirectamente en sus biocenosis acuáticas, y desgraciadamente suelen traducirse en una pérdida de riqueza biológica.                        

La regeneración o conservación de humedales tiene diferentes niveles. En primer lugar se debe analizar, con la mayor precisión, cuáles eran las características propias primitivas de cada zona, las alteraciones sufridas, su influencia sobre las características propias y la posibilidad de recuperarlas. Posteriormente, deben diseñarse unas actuaciones que permitan restaurar, en lo posible, la fisonomía y las biocenosis originales. Los resultados finales de estos proyectos suelen ser nuevas zonas húmedas, parecidas a las preexistentes, ya que conservan algunas de sus pecualiaridades. Eso sí, una zona húmeda recuperada debería finalmente estar integrada en el paisaje. Se trata de reproducir o favorecer los distintos tipos de vegetación que van desde la vegetación acuática sumergida hasta el matorral o el bosque propio del terreno. Además, en los proyectos de regeneración no basta con el relleno de agua de la cubeta, el desarrollo de formaciones vegetales y la fauna, más o menos diversa. En todos ellos es obligada una segunda fase de mantenimiento, seguimiento y difusión de los resultados obtenidos que hagan rentable la inversión realizada.            



Recuperación medioambiental de La Celadilla

La Laguna de La Celadilla es un humedal natural situado en El Pedernoso (en la provincia de Cuenca) cuya fama se remonta a principios del siglo pasado, cuando existía asociado a ella un balneario que aprovechaba las propiedades de sus aguas y sus lodos. De hecho, cuenta la historia del Crimen de Cuenca que José María Grimaldos, apodado “El Cepa”, marchó desde el municipio de Osa de la Vega, donde trabajaba, hasta La Celadilla “para tomar los baños”.                    

La laguna tiene una extensión aproximada de 80.000 m2 cuya titularidad corresponde en su totalidad al Ayuntamiento de El Pedernoso. Se encuentra situada a unos 3 kilómetros del casco urbano, junto a la carretera CM-3102 que une El Pedernoso con Las Mesas.                

Desde la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha señalan que en dicha laguna se ha venido actuando a lo largo de los años restaurando la zona de baño y creando un camping (también de titularidad municipal) hasta finales de la década de los ochenta en que la laguna se secó. Desde ese momento todos los planteamientos de actuación en la Laguna de la Celadilla pasaban por echar agua a la misma desde los bombeos con los que en la actualidad contamos. Con ello se pretendía llenar el vaso con la finalidad de recuperar dicha laguna para el uso y disfrute de bañistas que vendrían atraídos por la calidad y la fama ancestral de sus lodos.   

En la actualidad perseguir aún este objetivo tal cual es un planteamiento ciertamente simplista que reduce el problema y su solución a un mínimo insostenible desde todos los puntos de vista (económico, medioambiental, turístico, etc.) La situación actual es clara; por un lado, todos los estudios realizados, tanto por Confederación Hidrográfica del Guadiana como desde la Universidad de Castilla-La Mancha, concluyen con la mala situación del acuífero y la dificultad de recuperarlo de forma natural, siendo imposible que se llegue a ver dicha laguna como en los años 70-80. Por otro lado, planteamientos de explotación centrados únicamente en el baño son muy pobres y no responden a las demandas de ocio actuales que pueden venir buscando los visitantes de la comarca, que demandan más una oferta integral de ocio y más centrada en temas medioambientales. Por último, las soluciones que se plantean, además de integrales (que aúnen todos los puntos de vista desde donde se debe abordar el problema de la recuperación del humedal) deben ser sostenibles, o sea la actuación final que se acometa trascienda de nuestra propia generación y sea una buena herencia que transmitamos a las generaciones futuras.
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