Debutó en Barcelona en 1909 y triunfó como canzonetista en España y América. Nacida en Gascueña, Juanita se ganó el cariño de los públicos por su expresión artística.
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Aunque permanece en el olvido del paso del tiempo, es justo sacar de ese baúl de los recuerdos (y nunca mejor dicho, porque viajó tanto como el baúl de la Piquer) a una artista conquense, Juanita Arévalo “La Valorito”, que dio fama por su buen hacer y atrevimiento en aquellos años convulsos, desde que debutó en Barcelona en 1909 como canzonetista y cupletista, hasta que se presentó en Cuenca en 1917, en el “Ideal Artístico”, ya cuando declinaba su carrera por una afección en la garganta, y algún que otro desengaño, amoroso y económico, que le hizo encomendarse a la Virgen del Carmen para tomar el hábito. Ella, flor de un día, o de unos años, que encandiló a los públicos por su buen hacer artístico, y cómo no, por su sensualidad, pues era una pizpireta morenaza. En el Circo Lascano de Barranquilla se presentó a actuar completamente desnuda, como se recuerda en un concurso de preguntas.
Una triste infanciaPero la desnuda realidad es que Juanita Arévalo vivió una triste infancia. Nacida en Gascueña, se quedó sin madre cuando tenía 12 años. Se puso a servir y tuvo que irse a la Casa de Beneficencia. La artista contaba detalles de su vida a Juan Miseria en “El Día de Cuenca”, con ocasión de su presentación en el Teatro Ideal Artístico en marzo de 1917. El periodista la presentaba como “chiquilla morenota y nerviosilla”. Describe su encuentro: “Vestía una riquísima bata de seda color sangre de toro, y lucía unas medias blancas por las escotaduras de sus zapatitos, blancos también”.
Tras el saludo, la artista dice que se pone más nerviosa cuando habla con los periodistas que cuando suben el telón. “Yo nací en Gascueña. ¿Conoce usted Gascueña?”, pregunta interesada y ella misma responde: “Es un pueblo como todos: buenos aires y buenas aguas. Allí ha nacido toda mi familia; y al morir mi pobre madre, tuve, para aliviar el peso de mi casa, que ponerme a servir, encontré acomodo de niñera… De ahí marché por lo que me marché, y hube de refugiarme en la Beneficencia”. De la Casa se escapó con 15 años, junto “a la Minglanillera, pues sor Antonia me envió al lavadero, con los sacos de ropa, y yo quería volar. Nos escapamos la noche de los Santos, con castañeo de dientes”. Dos años de la Ceca a la Meca, entre posadas y tablaos, cantando y bailando, hasta el debut en Barcelona el 12 de octubre de 1909. Empezaba su carrera en España, ampliada por América. Días de vino y rosas.
Mirada con lupa en CuencaPero quería cantar en Cuenca, y a beneficio de los pobres de la barriada de Tiradores donde vivía su familia. La empresa le dijo que sí e incluso vendió postales. Llenó el teatro y ganó el empresario. Había expectación, aunque mucho recelo en aquella Cuenca levítica. Los comentarios eran bien expresivos: “En esta bendita tierra del silencio y de la monotonía, el asunto de palpitante actualidad es el debut de Juanita Arévalo”, decía “El Día”. “El Liberal” publicaba una croniquilla con el título “La Valorito”: “La aparición de la cupletista conquense en el escenario del Ideal, ha sido la nota de actualidad en la semana. Encontramos perfectamente justificada la curiosidad del público, porque el suceso tiene todos los caracteres de extraordinario. El arte del cuplé, no es tan fácil como a primera vista aparece; la cupletista si ha de triunfar y prevalecer ha de reunir condiciones que no son comunes en las mujeres de Castilla, nacidas y educadas en un ambiente poco propicio para el desarrollo de esa gracia picaresca, indispensable en el canto frívolo y galante del cuplé”.
El periódico preguntaba en retahíla de moralina: “¿Tendrá la cupletista conquense, esa flexibilidad que requiere la asimilación de los tipos diversos que ha de representar en sus canciones? ¿Poseerá la elegancia indispensable para lucir sobre la escena su figura sin ridículos atavíos de brillantes lentejuelas y sin alardes vanidosos de adornos recargados y chillones? ¿Sabrá ser ingenua en el decir, para subrayar con un gesto lo que siempre se deja adivinar en el cuplé?”. La respuesta es tajante: “Con decir que La Valorito triunfó de todas las suspicacias y se impuso a todos los recelos, habremos dicho que es de las que encontraron el camino que conduce al éxito, sin otros medios que los adecuados para la expresión de su arte”. En otra edición se valoraba el rasgo de “renunciación plena de toda vanidad, pidiendo un hábito conventual modesto y sencillo”...
“Tenía mucho interés en venir a mi tierra”Juanita Arévalo hacía un repaso en “El Día” sobre su breve y dilatada historia de diez años: “El 12 de octubre de 1909 debuté en el Edén Concerte de Barcelona. Una amiga me llevó a una academia, y la eterna canción: “que teníamos un buen palmito y que podíamos ayudar a nuestros padres siendo honradas”. Un día se presentó un señor americano y yo acepté un contrato que duró diez meses. He trabajado en Caracas, Brasil, Montevideo, Puerto Rico, Buenos Aires, Guatemala… En aquella “tourné” encontré mucho dinero, aplausos y hasta un marido. Era éste un dueño de unos grandes Music-Halls… Durante un poco tiempo creí que en mi bohemia había un remanso. Fui feliz y tuve una niña que murió pronto.
Después volví a Barcelona donde tuve buenos contratos y fue amiga de Raquel Meller, a la que considero la reina del cuplé”. Juanita habla de la Meller, la Goya y Pastora Imperio. Cuenta que tras actuar en Jumilla, Alcoy, Alicante y Yecla, tuvo que estar sin trabajar por una afección a la garganta, más de cuatro meses. “Yo tenía mucho interés en venir a mi tierra, y de balde hubiera venido. ¿Usted conoce a mi padre? Vive en los Tiradores, y le dicen el tío Estanislao…” Juanita se disgustó porque ella quería la recaudación para ese barrio.